Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

1,440 minutos son los que hay en un día; si sacamos las cuentas, el día tiene 24 horas y cada hora tiene 60 minutos...

Esa simple matemática me obligó hace mucho tiempo a disciplinar mis pensamientos, que son como una corriente de agua desordenada que a la menor provocación se desboca y causa inundaciones emocionales que no nos ayudan, al contrario, empeoran las situaciones.

Inundaciones emocionales tenemos todos, no me refiero a las gotas que se derraman cuando algo o alguien nos hace enojar. Esas riñan se olvidan pronto, sobre todo si el causante es el cónyuge o alguien de la familia. Me refiero a las que nos provocan las grandes injusticias, un despido injustificado, el robo de nuestro trabajo, físico o intelectual. Esos golpes sorpresivos son los que nos dejan anclados por largo tiempo, anidando sentimientos negativos, preguntándonos: ¿Cómo pasó? o ¿por qué pasó.? Yo he vivido varios en el ámbito profesional. El primero fue hace muchos años, cuando el Jefe de Redacción del periódico en el que entré como auxiliar en la Redacción, me prohibió escribir. Me recordó que mi trabajo era meramente secretarial. Aquello me sacudió de tal manera que confieso, llegué a desear con mucho fervor que algo pasara para que se fuera del periódico. Mis 1,440 minutos diarios eran de desearle todo tipo de infortunios y malestares. Cada día esperaba que algo sucediera en el trabajo que provocara su despido.

Fueron miles de minutos los que desperdicié en la espera de ver caer ese personaje. Nunca cayó, al contrario, fue él quien se marchó, en los mejores términos, cuando recibió una oferta para trabajar como director en un canal de televisión. Como nadie, festejé su partida. A partir de ese día mis 1,440 minutos del día, fueron de felicidad completa. Me dediqué a escribir, no fue fácil llegar al puesto de reportera. Al año siguiente uno de mis trabajos periodísticos, recibió un premio nacional de periodismo en la categoría de reportaje. Mis minutos en ese entonces estaban saciados de alegría.

No fue sino hasta que experimenté otros agravios similares. Incluido un plan de negocios que inicié con otra persona. Al final renuncié enojada cuando el proyecto, que consideraba mi creación, ya estaba en marcha. "El que se enoja pierde". Muchos cientos de miles de minutos los pasé después sin querer saber nada de esa persona. La sola mención de su nombre me traía sentimientos de indignación y de enojo. En ese entonces, en mi mente había muy poco espacio para el olvido, la compasión o el perdón para aquellos que me habían causado lo que yo consideraba "traiciones".

El cambio en mi conciencia se dio poco a poco, porque a pesar de los embates, mi carrera continuó con nuevas y mejores oportunidades. Aparecieron personas bondadosas en mi vida que me ayudaron. La prosperidad me arropaba y mi familia se beneficiaba de ella. Me di cuenta que mucha de mi felicidad, venía de que de los 1,440 minutos que tenía el día, muchos los dedicaba a escuchar y ayudar a otros.

Aprendí también que cada día recibimos una copa con 1,440 minutos y vamos sacando uno a uno y está en nosotros como gastarlo; en reclamos, en tristezas, en venganzas, en rencores. También me di cuenta que va a llegar un día en que en esa misma copa, va a venir no 1,440 minutos. Tal vez contenga solo cien, tal vez doscientos y esos van a ser nuestros últimos minutos. Ya no vamos a tener más. Ese pensamiento me motivó también a buscar a los que yo consideré en un tiempo "enemigos". A uno lo encontré en un funeral, me acerqué, le di la mano y su expresión fue de sorpresa. Le di también un abrazo y le dije que ya todo estaba olvidado. Charlamos de muchas cosas y nos despedimos con la promesa de volver a encontrarnos para seguir la charla. Su muerte impidió que eso sucediera. Todavía me falta encontrar a otros dos, espero verlos antes de que a alguno de los tres nos quedemos sin minutos.

Alicia Alarcón, periodista radial,  conduce un programa de opinión en KBLA-1580 AM en Los Angeles, CA.  Es autora de La Migra Me Hizo los Mandados  y Revancha en Los Angeles (Arte Público Press).