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Si de algo debemos estar seguros es que nos va a llegar, cómo, dónde, en qué momento; eso no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que con ella no hay negociación posible.

En ocasiones, hemos sentido su cercanía y el alivio llega cuando sabemos que pasó cerca, pero no nos tocó a nosotros. A pesar de que una y otra vez se nos manifiesta. Pensamos que se va a llevar al otro, al vecino, al compañero de trabajo, al desconocido, por alguna extraña razón pensamos que por ser nosotros, nos tiene una especial consideración y nos va hacer la concesión de pasarnos por alto.

Es cuando nos arrebata de golpe al ser más querido, que quedamos arrollados, resentidos, con un sentimiento de frustración e impotencia porque no hay nada que podamos hacer frente a ella. La muerte llega y se va con lo más preciado. Lo que si debemos reconocer es que con su constante presencia nos da lecciones claras que una y otra vez nos rehusamos a aprender. La muerte es la otra parte de la vida y en lugar de aceptarla, de conocerla y acercarnos a ella de una manera más íntima. Nos alejamos y procuramos olvidarla, buscamos el entretenimiento inmediato, la ocupación irrelevante. Esas tareas y esos proyectos en los que se nos van los días y los meses, hasta que la muerte llega y nos recuerda lo banal de nuestras ocupaciones. Ella es la realidad, lo demás son distracciones.

Hay muchas lecciones que ella como maestra constante nos enseña. Es bueno tener en cuenta las siguientes:

Acércate más a tus ancianos y tus enfermos. Así experimentas más tu mortalidad.

No esperes que llegue la llamada de la agonía para visitar a tus padres. Cuando llegues la muerte los puede tener ya en la inconciencia y corres el riesgo de que no te reconozcan.

Que nada te detenga de acercarte al que te llama en su cama de moribundo, ni el trabajo, ni la familia, ni los compromisos. Porque el tiempo del que se va es limitado, y el tuyo es abundante.

No preguntes por qué se lleva a tu ser querido, ni le reproches, ni cuestiones. Es un hecho que nadie lo puede cambiar. Así va a ser, y recuerda que también será así contigo. Un día vas a morir y nadie podrá evitarlo ni hacer concesiones por ti.

Ante la certeza de que nuestro tiempo es limitado en este mundo ilimitado. Es bueno detener nuestra marcha acelerada hacia los logros, posesiones, títulos y otros reconocimientos mortales. Al final todos los títulos, placas, reconocimientos y pergaminos quedan en el olvido. Lo que siempre te acompañará es el abrazo, el beso, la bendición del que fuiste a ver en su cama de enfermo.

Ante el dolor del que se va, llora, no ocultes tu pena. Comparte tu dolor con los amigos y te darás cuenta que sus penas son más grandes que las tuyas.

Hoy puedes pensar que el dolor que te ha dejado la muerte nunca desaparecerá, pero también ella, La Muerte, con su figura de calaca y su traje de novia, nos recuerda que tenemos opciones: La de maravillarnos por cada día que vivimos y aceptar con profundo agradecimiento la experiencia de haber compartido este viaje, cuando llegue nuestro fin.

Alicia Alarcón, periodista radial,  conduce un programa de opinión en KBLA-1580 AM en Los Angeles, CA.  Es autora de La Migra Me Hizo los Mandados  y Revancha en Los Angeles (Arte Público Press). Su correo electrónico es: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.