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Una acción de gracias muy personal

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¿Típico, no? esta semana que se celebra el día de Acción de Gracias te encuentras, justamente hoy, leyendo esta columna.

La verdad no lo tenía previsto. Otras ideas cruzaron mi mente antes de decidir que, esta vez, abriría mi corazón delante de todos los que me leen y daría Gracias al único Dios Vivo, quien fue, es y será por siempre y para siempre. A Él y sólo a Él dedico estas líneas, que aunque han sido escritas en privado, ahora se hacen luz.

Quiero darte las gracias Dios por ser mi Padre, mi Rey, mi Señor. El que me ha dado la vida, quien pensó en mí en su corazón y con sus propias manos me formó en el vientre de mi madre. A ti Dios de la Gloria rindo alabanza y adoración, porque no soy nada sin ti y sin ti no tengo nada.

Exalto tu nombre Jesús, porque sin ese sacrificio en la cruz mi existencia sería oscura, insípida. Conocerte me dio vida; una que me había sido negada. Ahora que te hallo diferente, consciente de quién eres, me río y me gozo en la adversidad, porque sé quién es el que me sostiene, el que me da paz. Por eso doy gracias.

Necesito darte las gracias porque me diste la dicha de tener unos padres que me han amado a pesar de cómo actúo; unos hermanos con quienes compartir mi vida. Aún en este recorrido por tierra extranjera, me rodeas de personas que me estiman como si fuera parte de ellos mismos.

Me has puesto en medio de una familia extensa, distinta, llena de sabores y colores diferentes. Me has dado una iglesia. Me has dado Aliento de Vida y te doy mil gracias por eso.

Yo sé que darte gracias no es de un solo día en el año. Agradecerte es un deleite diario porque cada respiro te lo debo a ti. Cada bocado de comida que entra a nuestra boca, cada experiencia, cada logro, cada éxito viene a través de tu favor y tu gracia. Si alguien merece honor y honra por todo lo que sucede eres tú.

Aún te doy gracias por las crisis, las dificultades por las que he tenido que atravesar; por las pérdidas, por los malos entendidos, por los momentos de soledad, cansancio, tribulación, malestar. Por aquellas circunstancias en las que me he preguntado ¿Dónde estás Dios? Porque gracias a todos esos momentos he aprendido a encontrarte; a ver tu mano sobre mí, disfrutar de tu provisión, tu compañía, tu descanso; tu ayuda, tu consuelo, tu restauración, tu sanidad, tu LIBERTAD. ¡Gracias!

Gracias mi Dios por la Sanidad Interior que trajiste a mi vida. Sanaste todo en mí, sobre todo mi futuro, porque me enseñaste que puedo vivir a plenitud sin tener que ser perfecta. Gracias porque en ti descansan mis sueños y anhelos de ver a mis generaciones en tus manos. ¡Gracias y siempre Gracias!

Gracias Señor por los testimonios de los que me permites ser testigo, especialmente el de mi querida amiga Durby Pachas.

Gracias por su vida, por el tiempo que me has permitido conocerla. Segura estoy que cosas grandes harás con ella y su familia en Perú, y que lo sembrado en Durby dará mucho fruto abundante, tanto que alcanzará a todas sus generaciones. Sé que esto no es un adiós, sino un hasta luego, porque aunque ahora la envías a Perú, de seguro ya tienes planeado nuestro próximo encuentro. Gracias.

Gracias por esta casa editora, por la libertad de expresión, por el privilegio de servirte y vivir para contarlo.

Escrito está “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. 1 Tesalonicenses 5:18.

 

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