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Cómo tomar la mejor decisión

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Nuestras vidas de un modo u otro quedan determinadas en varios aspectos por nuestras decisiones, mismas que condicionan nuestro presente y eventualmente nuestro futuro a mediano y largo plazo. Y tan perjudicial puede resultar el tomar la decisión equivocada como el no tomarla a su debido tiempo.

La toma de decisiones es clave para cualquier ser humano y, curiosamente, muchas personas se ven envueltas en verdaderos conflictos internos al momento de tener que tomar una. Las causas fundamentales de ello son variadas y dependen de cada individuo en particular. Algunas de las más frecuentemente detectadas suelen ser el miedo al fracaso o a no lograr un resultado positivo a través de la resolución de un problema en concreto, como también el abordar la situación desde un ángulo inapropiado o limitado en sus perspectivas, lo cual puede eventualmente nublar el buen juicio y desvirtuar así cualquier análisis realizado.

Cualesquiera que sean los obstáculos o circunstancias dadas, es menester seguir algunos pasos como forma de abordar la toma de decisiones. Ello nos permitirá por un lado aumentar nuestras posibilidades de acierto y, eventualmente, de no lograr un resultado satisfactorio a nuestros intereses nos permitirá entender el por qué tomamos tal o cual decisión en su momento.

Algunos pasos a seguir para la toma de decisiones:

Definir el problema es determinante, debemos antes de nada entender ante qué estamos. A través de ello incluso podemos llegar a la conclusión de que en realidad no estamos ante un problema y por ejemplo si ante una dificultad a resolver. También podemos encontrarnos que estamos ante una dificultad la cual interactúa con una limitación y la suma de ellas se convierte en un verdadero problema. Si éste fuera el caso el tema se simplifica, pues resolviendo la dificultad o superando la limitación nos quedaríamos solo con ello, es decir, dejaríamos de tener un problema y solo tendríamos que enfrentarnos a resolver una dificultad o superar una limitación.

Valorar las posibles consecuencias de la toma de dicha decisión. Esto es clave para sopesar a lo que eventualmente nos tendremos que enfrentar, pues toda acción provoca una reacción y ésta no será la excepción a la regla. Es altamente importante en tal sentido valorarlo tanto desde aspectos positivos como negativos, sin dejar de lado el factor neutro, es decir, aquello que no sufrirá modificación alguna o no se verá afectado por nuestra decisión. Desde luego dicha valoración no solo debe circunscribirse a nuestros aspectos o intereses estrictamente personales, también debemos valorar las posibles consecuencias que tendrá sobre nuestro entorno la toma de nuestra decisión.

Explorar desde diferentes ángulos la situación o circunstancia a la cual nos enfrentamos. Si bien todo será subjetivo y condicionado a nuestra interpretación personal, vale decir que cambiando la lente a través de la cual observamos el problema o situación podemos encontrarnos con  aspectos significativos que pueden en consecuencia hacer la distinción. El cambio de perspectiva brinda la posibilidad de contemplar el punto en cuestión desde diferentes posiciones y con ello podemos encontrar el mejor ángulo para proceder en consecuencia. Es determinante encontrar el mejor ángulo para abordar la situación y resolverla satisfactoriamente.

Disociarnos de nuestras emociones y tener claro el resultado de nuestra decisión es fundamental. Para ello debemos estar serenos, confiar en nosotros mismos e intentar evitar que nuestras emociones contaminen nuestra subjetividad y buen juicio. Tener presente que las opiniones de terceros, si bien pueden ayudarnos, estarán despojadas de la responsabilidad que debernos asumir por nuestra decisión; con lo cual es menester estar atentos a quienes recurrimos a pedir consejo o a quienes ejercerán su influencia de un modo u otro sobre nosotros.

Entrar en acción. Una vez que termine nuestro análisis situacional y tengamos claro a qué nos enfrentamos, por qué tomaremos la decisión en cuestión y cómo lo haremos, hay que entrar en acción. Si bien hay que tomarse el debido tiempo para analizar y establecer estrategias, llega un momento clave en el cual sin dilación alguna debemos tomar la decisión. No basta con realizar  un análisis situacional exhaustivo o estructurar la situación de la mejor manera posible, debemos comprometernos con nuestra decisión y comenzar a seguir los pasos que establecimos para que ella suceda.

Debemos tener presente algunas premisas, las cuales nos serán eventualmente de gran utilidad en el proceso de nuestra toma de decisiones:

Recordar que nada es casualidad y solo existen las causalidades; el destino, la suerte o los dioses poco o nada tiene que ver con la toma de nuestras decisiones. Somos los dueños de nuestras vidas y debemos confiar en nosotros mismos, sin que ello nos impida al mismo tiempo recurrir a terceros en la búsqueda de ayuda si fuera necesario por los motivos que fuere.

Debemos comprometernos con nuestra decisión y sus consecuencias, hacernos responsables de ella y permitirnos al mismo tiempo equivocarnos, pues de hacerlo siempre podremos rectificar y tomar otras decisiones para corregir lo hecho. Debemos confiar en nuestra capacidad, incluso en aquella que nos permite errar y aprender de ello para no volver a colocarnos en las mismas circunstancias.

En definitiva considero que no existen fórmulas mágicas o infalibles para saber cómo tomar la mejor decisión, aunque no por ello debemos dejar de tomarlas. La clave precisamente es tomar nuestras propias decisiones y hacernos responsables de ellas.

Daniel Costa Lerena: Web:costalerena.net Blog: costalerena.com

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