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La intimidación no se resuelve en la corte, sino en la casa

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Por más controversial que pudiera sonar, en esta ocasión me gustaría ser contundente al decir que la intimidación (Bullying) comienza y termina en la casa. Para qué nos hacemos tontos tratando de acusar a medio mundo de un comportamiento que no es nuevo y que no va a terminar sólo porque un gobierno lo regule. De ser la ley la solución, el mundo ya estaría libre de criminales.

Este asunto se les ha salido de las manos a todos. Principalmente a los padres, quienes son, por regla general, los que deberían enseñar a sus hijos a comportarse; segundo, a las instituciones, en las que se supone deberían ponerse en práctica mecanismos reafirmantes para mejorar la conducta del individuo. Ahora el turno es del Gobierno, cuya intervención se basa en la creación de reglas. Reglas en las que prácticamente se pretende manipular el trato con los demás. “Esto sí puedes decirlo, esto no”, sólo por mencionar un ejemplo sencillo.

La solución, sin embargo, está y ha estado siempre dentro de casa, pero como papá y mamá están ocupados todo el día y no se toman el tiempo de hablar con sus hijos, éstos van por el mundo sin dirección, sin disciplina, sin respeto a los demás, sin autoestima. Estamos criando hijos intimidadores e intimidados.

Sí, en un mismo hogar se pueden estar desarrollando la víctima y el victimario. Inverosímil ya sé, pero cierto, tristemente cierto.

Nuestros hijos necesitan conocer de parte nuestra, los padres, el respeto hacia los demás. Y también, por supuesto, cómo darse a respetar. La famosa regla de oro “no le hagas a nadie lo que no te gustan que te hagan a ti”. Pero necesitamos enseñar con el ejemplo.

Sin embargo, en la actualidad nos hemos vuelto unos flojos, no queremos tener tiempo para nuestros hijos. Nos hemos conformado con enviarlos a la escuela y que allí les enseñen todo. Y ahí no acaba todo. En las escuelas también se han cruzado de brazos, y aunque sí les enseñan a los niños que intimidar a otros es una mala conducta, prefieren no tener que lidiar con casos extremos de acoso, violencia y abuso, así que han decidido mandarlos a corte.

Un ejemplo claro de la falta de tutoría en casa por parte de los papás, es el reciente caso de intimidación en el estado de Florida, en el que una adolescente se quitó la vida, presuntamente al ya no soportar el acoso de dos jovencitas de su escuela, quienes abusaban verbal y emocionalmente de ella a través de las redes sociales.

¿Dónde estaban los padres de las tres? Tanto de la abusada como de la abusadoras. Quiero recalcar algo, las redes sociales son armas sutiles porque, a menos que te sientes con tus niños a ver qué leen o qué escriben, no te das cuenta de lo que sucede porque no puedes oír sus conversaciones, claro está no son audibles. ¡Por eso necesitan más atención!

En el reporte de un medio televisivo el periodista mencionaba que la víctima, en el caso de Florida, padecía de depresión desde que era pequeña. Eso llamó mi atención. ¿Cómo nadie pudo darse cuenta que la joven estaba siendo acosada? Y si lo sabían, me refiero a los padres y a los médicos que trataban sus síntomas depresivos, ¿por qué la dejaban seguir teniendo acceso a las redes? Interesante.

Por otro lado, los padres de las abusadoras. ¿Alguna vez alguien les habría enseñado a respetar a los demás? ¿Revisarían de cuando en vez, al menos, sus teléfonos para saber con quién hablaban o qué tipo de amistades tenían?

Hacerle saber a tus hijos cuán amados y cuán importante son para ti, escucharlos, interesarse por lo que hacen, lo que les gusta, conocer sus necesidades, sus deficiencias, ayudarlos, disciplinarlos, son el antídoto perfecto contra la intimidación. Así evitas, no sólo que se sientan lastimados sino que aprenden a no lastimar a otros. Así es como este asunto termina en casa.

Pero cuando somos egoístas y andamos trabajando de día y de noche, preocupados todo el tiempo por solventar las necesidades físicas como ropa, comida, casa, carro y no nos tomamos el tiempo para decirle cada día a nuestros hijos un te amo, o preguntarle cómo le fue en la escuela. Cuando en vez de levantarles el ánimo los insultamos y les decimos frases violentas como “no sirves para nada”, entre otros insultos, entonces estamos convirtiendo el hogar en una escuela para intimidadores e intimidados.

Escrito está “Hijos obedeced a vuestros padres en todo, porque esto es justo… Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Efesios 6: 1 y 4.

 

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