Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

El 16 de abril Selena Quintanilla-Pérez hubiese celebrado 48 años de vida y probablemente estuviese disfutando de una exitosa carrera como  cantante, encaminada a forjar una legendaria trayectoria con un estatus similar al de Madonna, Cher o Tina Turner. Pero la historia es  otra y de sobra la sabemos...

En Corpus Christi, como en ninguna otra ciudad, se respira "con ganas" el recuerdo de Selena. También allí se celebra desde ya hace cinco años la "Fiesta de la Flor" en memoria de la cantante estadounidense.

El evento busca celebrar el legado de la versátil intérprete; y el público, al menos en esta edición, fue el que más logró cumplir dicha tarea a cabalidad. No pocas niñas lucían el "jumper" inolvidable de Selena en tono morado, mientras que un gran número de  mujeres lucían "tops" tipo 'brassiere' con lentejuelas, caminando hacia la entrada del lugar.

Las camisetas estampadas con imágenes de Selena y lentes oscuros se repetían en figuras masculinas; mucho color en los atuendos y  bastante viento. Todo ese espectáculo duró de la tarde del viernes hasta el sábado entrada la noche, muy cerca de la Bahía de  "Corpus", en torno a un escenario flanqueado con dos enormes imágenes de Selena y su inolvidable sonrisa. 

Hubo música en vivo de principio a fin y videos de antaño con Selena actuando junto a su grupo. Tejanoranchera, cumbia, pop y hasta una hermosa versión acústica de "Como la Flor" sonó en el lugar.

Su hermana Suzzette habló con la prensa el sábado y el último concierto, el que ofreció poco antes de morir fue exhibido un par de veces. Leslie Grace fue la artista principal en el festival-homenaje, mientras que Little Joe y la familia actuaron el viernes por la noche, poniendo a bailar a los cientos que llegaron.

A Selena le gustaban los autos y la velocidad, como bien lo cuenta Chris Pérez en su libro de memorias, y Chevrolet generosamente ha sido otro de los grandes patrocinadores de la celebración.

SILVERADO RST
Fue en una Chevy Silverado RST que llegué hasta Corpus Christi el viernes por la tarde/noche. Los guías electrónicos me sugirieron las carreteras rurales en lugar de transitar por el I-35 debido a las continuas interrupciones en la autopista. Así lo hice y el trayecto de ida partiendo de Dallas fue un descanso para los sentidos a pesar del largo recorrido, los asientos de piel me mimaron, para empezar. El verde de los grandes campos en contraste con algunos vehículos viejos y oxidados -casi en tono naranja- haciendo labores de rancho me hicieron pensar en un lugar lejano, sin grandes edificios ni hileras de casas parecidas.

Fue un trayecto largo pero nada tedioso. La pasé bien. Su sistema de navegación proporcionado por On-Star me mantuvo sin ningún desvío durante el trayecto. La asistencia de la cámara trasera contribuyó a la seguridad del viaje de ida y vuelta y en lugares comprometedores como los estacionamientos del hotel o del centro de la ciudad.

La rediseñada cabina es más grande que nunca y da muchísimo más espacio tanto al pasajero de atrás como a los que viajamos en frente. Muy cómodo, además de conveniente fue el escalón para subir a la Silverado. Mi mamá, con quien me reuní en Corpus Christi, lo aprovechó mejor que nadie. Con mi sobrinos pudimos ir a una de las playas cercanas en un descanso.

El sistema de audio Bose con sus 6-bocinas me acompañó en ese trance campirano por la carretera 6 cuando atravesé Mexía, no  muy lejos de Waco. Un poquito de bluegrass me cayó súper antes de disfrutar vía satélite un previo acerca del inicio de la postemporada de la NBA. 

Un increíble local llamado "Los Nopalitos" (en Lexington, poco después de Calvert, Texas y sus "cachitos" del original Camino Real) me sorprendió con sus deliciosas enchiladas de champiñones.

SELENA VIVE
Su figura -ahora legendaria- se ha ido agrandando con los años, pero su legado se ha agigantado gracias al amor incondicional que sus  admiradores le profesan post mortem a Selena, una mexicoamericana con algo también de sangre Cherokee. La celebración que no podré borrar de mi mente y que considero ha sido la única a la altura de lo que merece la Reina del Tex-Mex fue el concierto que en el 2005 produjo Univision justamente en Houston, en donde la cantante actuó ante un público masivo por última vez poco antes de perder la vida.

En el mega-concierto del 2005 se le rindió tributo a Selena desde una perspectiva ecléctica, como lo era su persona. Una mujer joven, cariñosa, carismática, bicultural, bilingue y de corazón noble, según cuentan los que convivieron de cerca con ella.

Cuando fue asesinada yo cursaba mi penúltimo año de universidad y no recuerdo haber sido su seguidora, pero al vivir en Texas por  tantos años he logrado conocer su legado musical y apreciar el enorme potencial (a falta de palabras más contundentes) que una bala segó aquel 31 de marzo de 1995. Es decir, si Selena hubiera surgido en esta época de redes sociales y "videos virales", seguramente su  éxito habría sido algo "orgánico", sin necesidad de muchas campañas promocionales o dichas campañas habrían sido el perfecto remate. Y así de natural es como sigue siendo lo de Selena Quintanilla; después de más  de 20 años de haber muerto, es el público con su fervor por su música y amor sincero el que ha mantenido cada vez más vivo su recuerdo.