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La autopista interestatal I-35 me resulta cada vez más familiar, aunque siempre demanda mi máximo respeto. En mi viaje más reciente a Oklahoma por carretera, aproveché para probar una Chevy Silverado 2019 -y "el 35", como le decimos muchos hispanos en Dallas, dio cuenta de ello, sin duda.

Si las carreteras hablaran... probablemente dirían que terminan algo dolidas y aletargadas al final del día por el rugir de motores y rechinar de llantas de los cientos de vehículos que las transitan. O tal vez sonreirían al recordar a las señoras camionetas o grandes remolques que se abren paso a diario a través de Texas con destinos desconocidos y cargas impensables.

En mi viaje anterior me tocó ver a un tráiler que transportaba en su "cama" el ala de un avión. Increíble, pensé; pero cuando todavía no me recuperaba de la sorpresa vi cómo otro vehículo avanzaba detrás suyo con otra ala de avión, ambas eran de color blanco. 

FUERTE Y LIGERA
Mi carga probablemente no le hubiese sorprendido al 35 si alguien se lo preguntara: Nada por afuera, y por dentro, apenas unos artículos muy ligeros, pero seguro que sí hubiese evocado a la imponente en color plata hielo metálico con cuatro llantas enormes, todo terreno, y rines negros (contrastando de manera elegante) que se desplazó sin contratiempos dejando atrás a la admirada UNT y unas cuantas millas después al casino de casinos, el WinStar en Thackerville. 

Mis compañeros de viaje son generalmente mi laptop, dos celulares y los cambios de ropa que ocupo durante mi estancia en OKC. A veces algo de comida y agua embotellada también se cuelan, aunque el tiempo nunca alcanza para tanto.

La Silverado a pesar de ser tan fuerte y poderosa, es ligera. Mi llegada a la arena Cheaseapeake Energy, en donde juega el equipo profesional de la NBA "Oklahoma City Thunder"no fue tan discreta como de costumbre, le tuve que decir (con una gran sonrisa) al vigilante del estacionamiento que mi flamante camioneta era  un préstamo que le hacen a los representantes de medios de comunicación para conocer sus opiniones y pesar de su gran tamaño me deslicé fácilmente y la estacioné sin ningún problema.  

Pero si hay algo inevitable en el camino es el abastecimiento de combustible. Y tenía que pasarme por primera vez: tener que "ponerle gas" a una camioneta. En este caso fue con la Silverado, porque después de dos días de probarla en Dallas por la ciudad me llevó hasta a Oklahoma, pero al llegar al centro de la ciudad me empezó a avisar de manera oportuna la distancia que me sería posible recorrer con lo que quedaba de gasolina.

Afortunadamente llené el tanque sin ningún contratiempo a la mañana siguiente antes de regresar a Dallas. Por un momento creí que sería algo complicado debido a la sofisticación de los vehículos nuevos, pero nada de nada. La cámara se que se enciende automáticamente durante cada vez que das marcha atrás con la Silverado también fue un dulce asistente.

La "LT Boss Trail" se condujo con autoridad y solidez por el asfalto como era de esperarse. A pesar de los fuertes vientos que soplaban en Oklahoma (algunas ráfagas de poco más de 60 millas por hora), a la camioneta el estado del tiempo le hizo "lo que el viento a Juárez", como se dice en México.