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Las lágrimas de los niños migrantes no conmueven lo suficiente

¿Cuándo pasó que las lágrimas de los niños, sus dolores, sus pesares dejaron de conmover a una población que los escucha indiferente? Será que su tez es oscura y sus ojos cafés. Los zapatos que no son de su medida apenas les calzan los pies y la ropa que usan les queda ajustada. Sus padres les han improvisado camas con tablones para que no llegue la humedad a sus espaldas.

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No muy lejos de ahí, otros niños duermen seguros, sus mullidas camas, tibias frazadas los cobijan. Sus papás los arropan y les alejan los miedos antes de apagar la luz. No hay nada que temer, sus padres están ahí. Su casa es grande, sus juguetes electrónicos, quedaron esparcidos por toda la casa. Al siguiente día volverán a jugar. Su niñez está marcada por la abundancia. Por las oportunidades, les tocó nacer en el país que lo tiene todo.

Los niños migrantes ya tienen un techo, es de plástico, el frio entra por las costuras de la carpa improvisada. No tienen país, menos casa. El país que esperaban los acogieran les ha cerrado las puertas y ha puesto un cerco de soldados y de púas que amenazan con desgajar a quien se atreva a cruzarlo.

Nada es como les dijeron. "Una vida nueva. Una vida donde hay orden, respeto, un lugar donde se puede trabajar, avanzar, sin sobornos, ni amenazas". Su llegada, su recorrido de 4,000 kilométros a veces a pie, otras en autobús está inmersa en mitos. "Es mucha casualidad que lleguen justo en las elecciones". "Esta movilización masiva no fue espontánea". "Padres irresponsables que traen a sus hijos".  Esta y otras aseveraciones son las que circulan una y otra vez para acallar las conciencias y voltear hacia otro lado.

Es mejor así, pensar que todo es un movimiento encubierto para alguna operación oscura de desestabilización de gobiernos a su paso. Es mejor eso, que aceptar la deshumanización que se ha enraizado en la mayoría de los que ven las penurias de la caravana migrante, integrada en su mayoría por hondureños, como un asunto que no es de su competencia.

Un asunto enojoso, creado por "no sé quién" "con fines que no se bien". Aceptar responsabilidad para aliviar esa miseria, arruinaría los días de Navidad y lo peor, disminuiría el entusiasmo para la cena de Año Nuevo.

Los niños en los albergues se cubren el rostro con sus manos partidas por la tierra y la falta de agua para el aseo. La lluvia empieza a caer de nuevo. El agua se filtra por el plástico que los cubre. Los ojos de los niños se llenan de lágrimas. Sus padres salen de nuevo a buscar más cobijo. Para ellos la lluvia es sinónimo de tragedia. Muy lejos quedó su casa en la que podían ver a través de sus ventanas las gotas que caían a su alrededor. Pegados los rostros a la ventana, sin mojarse. Eso ya no lo pueden hacer, están en tierra extraña. "Que salga el sol mañana. Para que se sequen mis carritos y mi caballito".

Nota del autor.
Siguen siendo insuficientes los juguetes, ropa de niño y de niña que se han llevado a los albergues en Tijuana. Hay un grupo numeroso de líderes locales, a los que se han unido Pastores, Rabinos, Ministros, Misioneros, Monjas y Sacerdotes para ayudar a los más de 6,000 centroamericanos, hay más de mil niños de cero a 12 años que necesitan ropa y otros artículos de primera necesidad.

Las personas interesadas en ayudar a la caravana migrante pueden comunicarse con las siguientes organizaciones:
Global Human Relief. Roberto Aguirre (818) 425 9251
Angeles de la Frontera de Tijuana: Hugo Castro
760 482 6355 Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Antonio Soto Albergue La Viña 011 52 664 685 4508