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Al hacer las cuentas de los años que tenemos de haber logrado la independencia en nuestros respectivos países, un poco más de 200 años, aparte de las revoluciones, levantamientos armados, guerras civiles y otros menesteres, a veces necesarios, para el rápido progreso de una Nación, el desarrollo en Latinoamérica sigue un "pasito pa´ delante y dos pa’ atrás".

En el Siglo XXI las noticias que prevalecen de los presidentes, gobernadores y funcionarios públicos que gobiernan México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, por nombrar solo algunos, son las mismas del siglo XIX y XX: "Robó, saqueó, se llevó". Indicativo de que la corrupción y el hurto de las arcas del pueblo es un problema endémico que cada vez toma mayores dimensiones. "El otro robaba pero dejaba robar". Expresiones del pueblo que a pesar de estar harto del sistema corrupto llega a aceptarlo como algo inevitable.

Lo alarmante de la situación es que a través de los años ha germinado y se ha generalizado la idea de que Latinoamérica está poblada por sociedades corruptas incapaces de avanzar por su poca iniciativa, falta de intelecto y su capacidad limitada para triunfar. Y la peor: "Tienen los gobiernos que se merecen". Nada más lejos de la verdad.

En Estados Unidos y Canadá, nada más por mencionar dos países, los migrantes oriundos de países de Latinoamérica, una vez que conocen y se adaptan al sistema, logran avances en todos los órdenes en un tiempo relativamente corto. Ejemplo de ello son los migrantes salvadoreños en Los Angeles, California. En menos de 40 años son el grupo con un nivel escolar superior a otros. Se han convertido en abogados, ingenieros, empresarios y se han sabido organizar en organizaciones que defienden sus derechos de migrantes. Lo mismo sucede en Canadá, donde son un número importante.

Los mexicanos, por su parte, son la minoría étnica más grande en todo Estados Unidos. Sus espectaculares avances en todos los órdenes son del dominio público. No hay una rama del arte, la ciencia y la cultura que no cuente con mexicanos en su gremio.

¿Por qué los mexicanos, salvadoreños y otros grupos triunfan acá?
La respuesta es muy sencilla. En Estados Unidos, Canadá, Francia, Inglaterra y sobre todo en los Países Bajos, cuentan con un sistema de gobierno que permite a la persona común y corriente prepararse y avanzar sin que para esto necesite de "cartas sindicales", de padrinos en la política y de otros "requisitos" que en nuestro país son indispensables para llegar a la cúspide.

Otro factor que en estos países industrializados salta a la vista, es el auténtico amor y fidelidad que sus dirigentes tienen para con su país y sus habitantes. Esto es más evidente en los Países Bajos. Para ellos, el bienestar de sus gobernados es su prioridad. Sacrifican su seguridad laboral y luchan por la seguridad colectiva. La posibilidad de que vuelva la miseria a uno de sus conciudadanos los mantiene en constante creatividad y evolución.

Llegar a este estado de equidad, no fue fácil en estos países, fue el resultado de luchas, levantamientos, convulsiones internas, pero al final lograron establecer leyes y mecanismos que garantizan la equidad ciudadana. Sus sistemas de gobierno no son perfectos, pero si mucho mejores que los que prevalecen en Latinoamérica. Sobre todo en el área de la impunidad.

La desgracia en nuestros países, es que llevan más de dos siglos de luchas internas. Las cúpulas políticas y empresariales han demostrado muy poco cariño, no se hable de fidelidad a su Patria; han demostrado que su prioridad son sus intereses y no el bien colectivo. Se han dedicado a perpetuar las malas costumbres de sus antecesores ante un pueblo que ha perdido su capacidad de asombro ante tanta corrupción y saqueo.