Mamá tiene 72 años, vive en Maracaibo. Con todo y sus dolencias se sube a un “por puesto” (carro sedán del transporte público informal) y recorre la ciudad para comprar ‘lo que haya’, aunque no siempre cumple su cometido.

Compra  cuando hay. Y se lleva lo que le dejen llevar porque dice: “así en casa tenga aceite, si eso es lo que hay, lo compro Carola, no vaya a ser que no lo vuelva a conseguir”.

Eso estimado lector, es miedo. Así están mis hermanos venezolanos, viviendo con miedo y frustración.

Por más que su buen humor lo esconda de vez en cuando, porque con mamá dan más ganas de reír que de llorar, a mí me frustra la situación que están viviendo, y eso que estoy de este lado, ahora imagínese a los que viven en carne propia el abuso.

La otra vez me dijo: “Carolita, mándame desodorante y cosas para el aseo personal”. Se me partía el corazón. Pero no me puedo imaginar a otros que como yo, viviendo de este lado del continente, son solicitados con medicinas para enfermedades terminales. Eso es terrible.

Cada vez que hablo con mamá es lo mismo. Cada vez que leo noticias de Venezuela es lo mismo, en crecento. Cada vez faltan más cosas. No me lo puedo imaginar.

Eso frustra, y frustra tanto que algunos han optado por emigrar y otros, más radicales, se han quitado hasta la vida ganados por la desesperación.

Me enorgullecen los que se quedan, pero entiendo a quienes se van cansados de la situación, frustrados porque nadie hace nada. Muchos de ellos salen corriendo para salvar sus vidas, sus sueños…

Venezuela está frustrada, cansada, desconsolada y desanimada… la combinación perfecta para perder la batalla.

Yo no puedo juzgar a los desanimados, pero sí puedo alentar a los valientes que quieren seguir luchando, como en el caso de mamá que se niega, a pesar de tenerme a mí por estos lados, a abandonar la patria que la parió.

Todos tienen una opinión de lo que sucede, hasta el Washington Post, en un editorial reciente, urgió a una intervención política exterior ante la ya inmanejable situación en mi país.

Son muchos los que no salen de su asombro ¿Cómo una nación próspera, rica en recursos, con gente tan valiosa está perdiendo la batalla?  

Yo tengo mi propia opinión.

Escrito está:

Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza.

Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.

Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.

Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.”

Santiago 5: 5-8 (Reina Valera Internacional 1960)

 

Para contactar a Carolina Rincón-Guzmán, periodista radicada en Dallas: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.