Ahora que los republicanos de la Cámara Baja se aprestan a presentar sus “principios” de reforma migratoria y se especula sobre la amplitud del concepto de “legalización” que se propondría mediante diversas medidas, hay certezas e interrogantes sobre quiénes, dentro del amplio y diverso universo de indocumentados, podrían acceder a una vía acelerada a la eventual ciudadanía, aunque no necesariamente especial; quiénes podrían regularizarse y quiénes quedarían fuera de la ecuación.

“Año Nuevo, Vida Nueva”, reza el dicho. Y aquí estamos otra vez en la renovada lucha por una reforma migratoria buscando pareja de baile para negociar en la ya conocida danza de promesas, posibilidades y excusas.

WASHINGTON, DC – Para alguien que ha dicho que no puede visitar escuelas o ver niños que juegan durante el recreo porque llora al pensar en la importancia de lograr que esos pequeños puedan conseguir el Sueño Americano como él lo hizo, el presidente de la Cámara Baja, John Boehner, no ha derramado ni una lágrima pública por los menores, en su gran mayoría ciudadanos estadounidenses, que a diario pierden a sus padres o madres por las deportaciones. Es más, ni los recibe en sus oficinas cuando han acudido a pedirle que permita un debate migratorio en la Cámara Baja, como tampoco lo hacen otros líderes republicanos.

WASHINGTON, DC – Hace exactamente cuatro años escribí mi columna de fin de año sin reforma haciendo referencia al aguinaldo puertorriqueño Cantares de Navidad, cuyo estribillo central dice: “un año que viene y otro que se va”.

El año pasado para esta fecha daba gracias por la posibilidad de un nuevo comienzo en el debate migratorio. Las elecciones presidenciales de 2012 estaban frescas y varios líderes republicanos, vapuleados por su desastroso desempeño entre los votantes latinos en esos comicios, incluyendo el presidente cameral, John Boehner, hablaban de la urgencia de abordar la reforma migratoria amplia.

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