DALLAS -- Mientras estaba de compras en un establecimiento, a la consejera Ashley Williams se le ocurrió algo muy creativo: convertir en un buzón un casillero vacío en su primaria, Central Elementary School, para que los estudiantes puedan dejar notas anónimas sobre cómo se sienten.

“Noté que muchos estudiantes necesitaban de alguien con quien hablar”, dijo Williams. “El estado emocional y mental de los niños es un tema en el que me enfoco mucho, así que quise que supieran que para eso estoy aquí”.

El casillero-buzón es una manera sencilla de motivar a los estudiantes a que le dejen den a conocer a su consejera cómo se sienten acerca de algo que quizá les provoque miedo o vergüenza hablar en persona. Simplemente escriben en un papel y lo dejan caer por las rendijas del casillero.

“Mi meta es que todos lo usen anónimamente”, dijo Williams. “Quiero que los estudiantes se sientan cómodos. Saben que si dejan un mensaje en el casillero, solamente yo lo leeré”.

Una vez eliminada la necesidad de una conversación inicial en persona, les resulta más fácil contarle a alguien cómo se sienten, ya que ahora tienen la opción de esquivar ese primer obstáculo que temen.

“Tengo la certeza de que saber de antemano lo que les puede estar pasando a los estudiantes los ayuda a sentirse aún más cómodos”, dijo Williams. “Uno se entera de cosas sorprendentes de las que los niños tienen muchas ganas de hablar”.

Aunque muchos mensajes que recibe Williams tienen que ver con situaciones difíciles y emocionales, algunos estudiantes comparten noticias positivas.

“Hasta un miembro del personal me ha preguntado si podía dejar una nota en el casillero para pedir una consulta conmigo”, dijo Williams. “El personal ve que el casillero-buzón les ha sido de gran ayuda a los estudiantes, lo que ha resultado en un mejor desempeño académico.

Williams pasó de enseñar historia a ser consejera para poder ayudar a los estudiantes a cuidar de su autoestima y salud mental.

“Central Elementary recibió cada una de las seis distinciones del estado y una calificación de ‘A’, lo cual no es solo un resultado de nuestro enfoque en la educación, sino también de nuestro impacto en los niños”, dijo Williams. “Me crie en un hogar fantástico y, como maestra, me percaté de que algunos estudiantes no crecen en hogares como el mío. Quería que tuvieran a alguien que fuera casi como su familia, porque, para mí, ellos no son solo niños: son mi vida”.