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Un padre y su hijo encarcelado publican libro sobre el drama de la drogadicción

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Alma y Juan R. Pérez dejaron Brownsville, Texas hace más de 40 años y al poco tiempo se establecieron como profesionales de la educación e impulsores de la igualdad en las escuelas, en especial en Grand Prairie. Pero ahora, en su vejez, enfrentan el reto de ayudar a su propio hijo que está en prisión y es adicto a las drogas desde que durante la universidad se empezó a automedicar para combatir la depresión.

El señor Pérez publicó recientemente un libro que tardó tres años en escribir junto a su hijo Rolando, que cumple una sentencia de 7 años por posesión de un narcótico y el intento de entregarlo. Un Lazo Eterno: La historia de un padre y su hijo (An Everlasting Bond: The Story of a Father and His Son), es el título del testimonio que entre ambos crearon y que el señor Pérez ha presentado públicamente en varias partes del Metroplex, acompañado de su esposa.

Un lazo inquebrantable entre padre e hijo que se ha forjado en el infortunio de la adicción a las drogas y el dolor que ha unido a su familia ante una serie de circunstancias adversas, son el tema principal del libro que a más de uno ha hecho reflexionar.

"Este libro le ha salvado la vida a los dos", dice la señora Pérez. En An Everlasting Bond: The Story of a Father and His Son, padre e hijo comparten el dolor y la batalla que ha librado la familia con el abuso de sustancias en que ha incurrido Rolando. También contiene fotos de la familia, junto a su madre y sus otros dos hermanos.

La agudizada adicción de Rolando lo ha llevado a caer en la cárcel en 43 ocasiones y su padre, un antiguo comisionado estatal de perdones condicionales, siempre ha estado pendiente de sus pasos. El señor Pérez, de 70 años, considera una ironía, que mientras él durante varios años tuvo en sus manos el poder de votar para perdonar o dejar encerrados a miles, ahora aboga por un perdón para su hijo, que ya ha cumplido alrededor de 3.5 años de su sentencia más reciente.

También recordó que, irónicamente, su hijo tuvo el mismo abogado y psicólogo que Ethan Couch, el llamado "Joven Affluenza" , quien mientras conducía borracho mató a cuatro en un accidente en 2013. Pero a diferencia de Couch, quien solo fue condenado a libertad condicional y le ordenaron que recibiera tratamiento, a Rolando lo mandaron a la cárcel.

Si en este verano ve a su hijo salir de prisión, el señor Pérez tiene un plan a la mano para reincorporarlo a la comunidad: espera ingresarlo a un centro de rehabilitación tan pronto como recupere su libertad. Desde el año pasado su hijo fue candidato a un perdón, pero se quedó corto, pues solo uno de los tres comisionados que votaron sobre su caso lo favoreció. Para obtener el "parole" necesita dos de los tres votos.

"Tiene 41 años, todavía tiene mucha vida. Y es muy inteligente", explica la señora Pérez. Rolando se gradúo de la South Grand Prairie High School, en donde fue un estudiante y atleta distinguido. Ingresó a la Universidad de Texas en Austin y obtuvo suficientes créditos para ser considerado un "senior", pero debido a su drogadicción ha pasado la mayor parte de su adultez encerrado.

Obtener tratamiento contra las adicciones es costoso. Y el señor Pérez hace notar que su hijo nunca ha recibido un tratamiento adecuado como para superar por completo el problema. Pero siente optimismo por el ánimo que nota en Rolando desde que le llegó a sus manos una copia del libro que ambos crearon.

"Este libro le dio un propósito, porque es la primera vez que ha tenido en sus manos algo que él mismo creó", dijo emocionado el señor Pérez, quien regularmente habla por teléfono con su hijo. "Anda encantado de la vida. He visto unos cambios tremendos".

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