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Diez años de permanencia: Viola Delgado y su boleto al mundo en DFW

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Sin tener que salir de su país la obra de la artista texana Viola Delgado ha sido expuesta ante miles de personas de distintas nacionalidades y provenientes de incontables partes del globo. Desde hace diez años, el medallón de cristal bizantino creado a partir de una pintura suya -localizado en el andén 8 de la Terminal D del Aeropuerto de Dallas/Fort Worth- ha sido testigo cotidiano de pasos apresurados, anónimos y tal vez inquisitivos en torno suyo.

Aunque en el 2005 fue instalado formalmente, la concepción del medallón data de 2002, cuando Delgado sometió un par de diseños a consideración de la mesa directiva del aeropuerto DFW, que preparaba el diseño de la sofisticada Terminal D en ese entonces.

Unos meses después de la muerte de su padre, en ese mismo año, Delgado recuerda que necesitó escuchar dos veces la grabación telefónica con el aviso de que había resultado incluida en el grupo de artistas comisionados para crear arte público para el aeropuerto.

“Yo estaba confundida porque me habían dicho que no había quedado, pero Ricardo Medrano me llamó.  Me felicitó. ‘Yo pedí ser la persona que te llamara’ me dijo”.

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Su padre murió año y medio después de la madre de Delgado, que había sucumbido al Alzheimer a principios del 2000. Debido a su soltería, le quedaban como familiares inmediatos sus tres hermanos y una hermana, todos menores que ella.  

Después de cerciorarse de la noticia que le dejaron en su telefóno, Delgado pensó, ‘¿a quién le llamo?’ “Sé que ellos se hubieran puesto extasiados por mí. Muy felices de saberlo. Pero no estaban ya. Y caminé en mi sala, y la siguiente  persona en quien pensé fue en Elba, mi mejor amiga”.

UNA DÉCADA

En agosto pasado, la Terminal D celebró sus primeros diez años de existencia con una serie de eventos, enmarcando los logros en números que ha conseguido a través del tren rápido Skylink, el Grand Hyatt DFW, y la terminal en sí.

Para Delgado, esos diez años han sido de evolución constante. De oportunidades que han ido surgiendo a partir de la inclusión de su obra en un sitio tan determinante como el aeropuerto DFW.

“Es donde me ha visto más gente. Y van conociendo también el trabajo”, admite la artista nacida en el Sur de Texas. No cree que haya creado un estilo, o que la gente sepa identificar una obra suya. “No he llegado a ese punto”. 

Pero después del triunfo que se apuntó en DFW, a Delgado le llegaron las oportunidades de crear para las estaciones de DART (Dallas Area Rapid Transit), y en el Latino Cultural Center, en donde además regularmente trabaja como curadora de exposiciones.

ARTISTA, MUJER, LATINA

Independientemente del color de la piel o la nacionalidad, Delgado se ve ante todo como una artista mujer. Después, dice, es que puede pertenecer a un grupo de mujeres-artistas-que-son-latinas, porque su “lado latino” también forma parte de su obra; es algo que ocurre naturalmente. “El que se quiera alejar de ese aspecto (la latinidad) se está engañando a sí mismo. Porque si realmente te estás expresando, inevitablemente va a salir, tal tú vez no lo veas, pero alguien lo verá”.

Tampoco se conforma con que la identifiquen de entrada como una creadora latina. “Todo lo que registras un día va a mostrarse en una emoción”, explica. “Pero como artista, lo haces sin estar consciente. No es hasta que das un paso atrás y empiezas a ver, o cuando alguien te dice, a veces ni siquiera lo ves”.

Una sala color lavanda y un sofá anaranjado de plástico, la decoración de la casa de su madre en un pueblo cercano a Corpus Christi han acompañado sutilmente la expresión artística de Delgado. A México viajó solamente una vez y fue hasta su adolescencia, en un cruce breve hacia Matamoros, desde Brownsville, para hacer unas compras, recuerda.

“No sé en dónde vi a esas mujeres con rebozos que están en mis pinturas. Y cuando la gente me preguntaba, les decía: es algo que sale de mi cabeza. Pero años más tarde me di cuenta de que era una vecina nuestra. Chentita”.

Chentita era una mujer que vivía a la antigua, recuerda Delgado; era una mujer que, rebasada por el avance tecnológico de su época, creía que quienes aparecían en las pantallas de la televisión podían ver directamente a los televidentes. Había que cuidarse de esas miradas ajenas. Sentarse con decoro frente al señor que se aparecía en la sala.

Años después, en el nuevo siglo que Chentita probablemente jamás pudo imaginar, miradas extranjeras regresarían a observar a Delgado, pero a través de su obra. Desde hace una década, los pasajeros que transitan por la Terminal D pueden apreciar el medallón de vidrio bizantino, manufacturado en Alemania, todavía sin nombre.

En este mes, otra vez sin tener que viajar, la obra de Delgado estará presente frente a miradas extrañas en Nueva York, en una exposición agendada para el 16 en Manhattan. “Espero que haya más de esto”, concluye. 

 

@Hoydallas @sandrav33

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