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De patriotismo, béisbol y bilingüismo: el recorrido de Ozzie Garza

Al concluir su servicio militar, Garza  se mudó a Dallas en 1971, en donde  trabajó durante un tiempo para  LULAC antes de regresar otra vez a D.C.

Lea la primera parte de esta historia ("Entre los hispanos hay mucho patriotismo"http://bit.ly/1v0QhMc 

“Estaba en Dallas, pero echaba de menos a Washington”, admite . Así que, al cabo de un año volvió a la capital del país.

“Trabajé en el Congreso cuando regresé, con un representante de California, fui su secretario de prensa. Fue una época muy interesante, me tocó el escándalo de  Watergate.

“Yo vi a Nixon hablar con el Congreso en el discurso del Estado de la Unión, me acuerdo de eso”, dice.

Cuando Nixon se fue, la prensa llamaba tratando de entrevistar al congresista demócrata Ron Dellums, de Berkley, quien fue conocido por ser un gran crítico de la guerra de Vietnam.

Garza recuerda interacciones con reporteros del San Francisco Chronicle, San Francisco Examiner, Oakland Tribune, Berkley Gazzete, entre otros.

“La competencia es por la prensa, porque son 435 congresistas, y luego 100 senadores, así que hay más de 500 políticos en el Congreso, y si uno quiere hacer una conferencia de prensa hay bastante competición”.

En Washington también trabajó con el Departamento del Trabajo antes de  llegar al Departamento de Asuntos de Veteranos, en donde se afianzó hasta llegar a ser director Regional del área Suroeste del país, el cargo que actualmente desempeña.

En la época en que empezó a trabajar para la oficina de Asuntos de Veteranos en D.C., Cal Ripken brillaba con los Orioles de Baltimore, el único equipo del béisbol de las grandes ligas cercano, ya que los Nationals aún no existían.

Garza invitó al director de Relaciones Públicas de los Orioles a bindar una conferencia  en una de las convenciones del Departamento para que los asesorara sobre cómo abordar a la prensa, aprovechando el furor mediático que tenía en sus manos con Ripken en el equipo.

Después del evento, el publirrelacionista de Baltimore invitó a Garza a un juego de los Orioles, que en esa ocasión enfrentaban a los Texas Rangers.

(Cuando estaba en el Ejército haciendo su servicio militar todavía existían los Senators de Washington, aclara Garza, pidiendo hacer una retrospectiva antes de continuar).

Los Senators acababan de firmar a un pelotero mexicano de Sonora llamado Aurelio Rodríguez. Y también tenían a un pitcher que se llamaba Horacio Piña, de Monterrey.

“Me acuerdo que los estaba viendo en televisión y trataban de entrevistar a Rodríguez, quien no hablaba inglés, entonces le llamé al director de prensa de los Senators y le dije que yo podía ir y traducirle”.

Así que le dieron una credencial y fue al estadio, ahí conoció a los dos mexicanos, y ese fue el primer acercamiento al béisbol de las Grandes Ligas que tanto le apasiona.

“En una ocasión, mientras hablaba con Rodríguez y Peña en los vestidores de los Orioles llegó Nixon, quien había ido ese día al juego. Fue la primera vez que lo vi tan cerca”.

“Cuando yo salí del Army en 1971 fue cuando los Senators se cambiaron para Arlington. Y traté de conseguir un trabajo {con el equipo} pero no conocía a nadie”.

El béisbol fue la razón principal por la que Ozzie estudió periodismo.

"Cuando tenía como 15 años iba a los juegos de ligas pequeñas y hacía los anuncios públicos durante el partido. Anotaba las estadísticas, y al terminar llevaba esos números al periódico, para que al día siguiente salieran publicadas".

Trabajaba en un restaurante en McAllen que se llamaba “Palmero Inn” y al cruzar la calle estaba la estación de radio de la ciudad, y en el mismo edificio estaba la oficina de la AP que sólo tenía a un reportero, pero Garza recuerda que se inspiraba al verlo tecleando las noticias.

Cuando jugaba béisbol en las Ligas Pequeñas, el mánager le empezó a llamar Ozzie (la abreviatura de Ozziel, su nombre de pila) y así “se me quedó”, recuerda Garza.

HISTORIAS E INFORMACIÓN

“Aquí en el Departamento de Veteranos tenemos buenas historias pero también información, hay mucha gente que no aprovecha los beneficios que merecen por haber servido en el Ejército, y hay muchos beneficios, es importante que la gente y sus familiares sepan de ellos”, comenta Garza.

“Me fastidia que veo a gente hispana aquí y no hablan español. De eso responsabilizo yo a los padres. Incluyendo a mi hermano, está casado con una americana y los niños no hablan español aunque tienen el apellido Garza”.

En la escuela aprenden inglés pero en casa pueden practicar el español, explica Garza. “Pónganle la televisión en español, que vean los juegos en español y así van a aprender”.

 Su madre no hablaba inglés, y por ello Garza nunca perdió la costumbre de practicar el español.

Y el hecho de ser hispano siempre fue y ha sido benificioso para este mexicoamericano, no del otro modo.

Creció en el Valle de Texas, y hasta la “junior high” fue que se topó con americanos, recuerda, “pero no me fastidiaban, porque yo cuando jugaba en las ligas pequeñas jugaba con los americanos y no sentía diferencia, a muchos de ellos ya los conocía”.

Lo que no olvida es que, “nos castigaban si hablabamos en español en la escuela. Pero yo seguía hablando en la casa, cuando iba a la iglesia, siempre leí la bibilia en español, porque iba a  la escuela dominical en español”.

En 1999 regresó a Dallas en donde ha residido desde entonces, después de pasar 29 años en Washington, de 1972 a 1999.

Su conexión con el béisbol sigue viva. A Bobby Jones, uno de los entrenadores de los Texas Rangers le entragaron una medalla al valor 44 años después de haberla ganado gracias a las gestiones hechas por Garza.

“De los que fueron a la guerra y tienen mérito por sus acciones, muchos a veces no hablan”, dice Garza. Mientras que hay otros que inventan historias y tratan de hacer fraude para recibir beneficios del Departamento, o sus familiares no están enterados de los rangos que alcanzaron durante su servicio".

Por ello le pide a quienes se enlistan en el Ejército que le avisen a su familia en donde están sus datos, como precaución.

“Son beneficios que merecen, no son un regalo, se lo ganaron”.