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"No cometan el mismo error que yo"...

Mientras que miles de jóvenes de distintas nacionalidades en Estados Unidos se apresuraron a ampararse de la deportación y obtener un permiso de trabajo bajo la Acción Diferida -promulgada en agosto de 2012; otros, como Alma Rocha, dejaron pasar algunos meses sin decidirse a llenar una solicitud para iniciar el trámite correspondiente.

Por motivos muy particulares, (Rocha prefiere no dar detalles, aunque explica que una larga depresión tuvo mucho qué ver), esta joven mexicana nacida en Monclova, Coahuila, no solicitó el beneficio del DACA hasta que se vio obligada por las circunstancias: fue arrestada por cometer una infracción de tránsito en un pequeño pueblo cercano a la costa del Golfo de México en Texas.

La llegada:

En 1998, Alma Yadira Rocha Castañeda llegó a Fort Worth junto con su abuela. Ambas tenían una visa de turista que dejaron expirar cuando decidieron quedarse a vivir en territorio estadounidense. Después de todo, “casi toda mi familia ya estaba aquí”, recuerda Rocha.

Cuando se inscribió en la escuela a Alma no le parecía estar en desventaja respecto a otros jóvenes. Al empezar la preparatoria (High School) incluso pensaba en perseguir una carrera como abogada, porque le gustaban las leyes.

"Para mí no había ninguna diferencia hasta antes del 2001", recuerda Rocha, quien actualmente tiene 31 años.

"Desde los ataques terroristas todo cambió. Me gradué en el 2002 de la Polytechnic H.S. y me di cuenta de que no podía conseguir una licencia de conducir porque no tenía un seguro social, y que sería más difícil encontrar trabajo", afirma.

A Rocha le hubiera gustado cursar las materias básicas a nivel superior, pero en vez de investigar más a fondo las posibilidades que tenía, incluso como indocumentada, en mayo de 2002 se mudó a Victoria (cerca de Corpus Christi) con una tía que vivía allá.

"Allá no te checaban los papeles, así que me fui a trabajar. Estuve un año por allá y me compré un carro que conseguí a nombre de mi tío", dijo.

En el 2003 regresó a Fort Worth y empezó a trabajar de cajera en un restaurante en el que le pagaban en efectivo.

"Duré 7 años trabajando ahí. Me pasaba todo el día y se me hacía que ya llevaba mucho tiempo", explica. Al dejar ese empleo en el 2010, al poco tiempo consiguió otro en una agencia de seguros en la que también, a pesar de que no tenía documentos, le dieron la oportunidad de trabajar.

Pero dos años después, en noviembre del 2012, volvió a Victoria, en donde al parecer la vida le parecía más tranquila.

"Ya no veía la salida, quería algo diferente", dice sin ofrecer muchos detalles. Solo explica que en el período de agosto a noviembre, por desidia y porque no tenía dinero suficiente, dejó pasar la oportunidad de buscar apoyo para solicitar la Acción Diferida mientras estaba aún en Fort Worth.

La noche más larga:

El 23 de enero de 2013, estando en Victoria, Rocha se dirigía a unos de los tres trabajos que tenía, cuando recordó que su automóvil no tenía suficiente gasolina.

"Fue en una vuelta a la izquierda que no hice bien", detalló. "Era un miércoles como a las 5 de la tarde. El policía me pidió que me identificara. Cuando supo que no tenía una licencia de conducir y que no tenía estatus legal en el país me dijo que me tenía que arrestar".

El oficial le dio permiso de llamar a su familia para avisar que había sido detenida, dijo Rocha.

"Fue la noche más fea de toda mi vida. Es espantoso estar ahí", lamentó Rocha, al recordar las horas que pasó en la cárcel antes de que al día siguiente la enviaran a Corpus Christi para remitirla a la Oficina de Aduana y Protección Fronteriza.

"El jueves a las 2 de la tarde me sacaron de la cárcel de Victoria y como a las 5 llegué a Corpus... Mi familia se había pasado esa mañana buscando información sobre a dónde me iban a mandar, hasta que contrataron a una abogada. Ella les pidió mi diploma de High School y lo envió por fax a la oficina de la CBP de Corpus Christi".

Después de media hora de interrogación, cuando Rocha le empezó a responder en inglés al oficial J. Rodríguez, a éste se le ocurrió preguntarle si ella había ido a la escuela en Estados Unidos. Al responderle afirmativamente, el uniformado se percató de que la joven, por su edad y educación podría “calificar” como beneficiaria de la Acción Diferida, por lo tanto no podía ser deportada.

“Esta es la muchacha que estamos esperando”, dijo el agente, -según relató Rocha a Hoy Dallas- refiriéndose al diploma de preparatoria que habían recibido por fax ese mismo jueves.

Rocha dice que a partir de ahí se sintió más relajada, ya que “ellos mismos iniciaron los trámites para pedir la Acción Diferida”, aunque posteriormente ella tuvo que enviar el pago de la solicitud.

Después de poco más de 2 horas de preguntas y llenado de documentos la joven fue puesta en libertad. En julio de 2013 retornó a Fort Worth, a trabajar a la misma agencia de seguros, en espera de que le llegara su permiso de trabajo, el cual tardó varios meses más.

Fue a principios de 2014 cuando Rocha finalmente recibió la ansiada autorización laboral por dos años que le expidió el USCIS. Ahora, ella misma pide a otros jóvenes que no dejen pasar tanto tiempo si es que tienen derecho a solicitar este beneficio.

“No cometan el mismo error que yo”, concluye.