Primero fueron débiles reclamos a los esposos, "los niños tienen hambre". Ellos salían en busca de trabajo y algo que comer, pero regresaban a su casa con las manos vacías....

La desazón de las mujeres iba en aumento al ver la carestía de alimentos y al enfrentar la posibilidad de que sus hijos morirían de hambre. Una mañana en 1789 salieron de París a buscar al Rey Luis XVI para exigirle alimentos para sus hijos.

Sin más armas que su voluntad y con la seguridad de que su petición sería atendida de inmediato por su soberano, caminaron hasta el Palacio de Versalles. residencia del Rey, ubicado en las afueras de París. Grande fue su sorpresa al encontrar un Palacio rodeado de fuentes, jardines y lujos para ellas inimaginables. Insuficientes resultaron los guardias de palacio para impedirles la entrada. Las mujeres irrumpieron las puertas de Palacio y llegaron hasta el comedor del castillo donde con ojos incrédulos vieron las viandas que esperaban al Rey y su séquito. Sobre una larga mesa labrada en oro, descansaban los más variados platillos. Frutas servidas en charolas de plata, todo tipo de panes, carnes, aves bañadas con salsas aromáticas. El recuerdo de sus hijos que morían de hambre en sus humildes viviendas y ver los excesos del Rey fueron suficientes para convertirlas en furiosas combatientes que obligaron al Rey a salir huyendo de Palacio. Este episodio fue el detonante para la Revolución Francesa considerada la precursora de movimientos armados que le siguieron en todo el mundo.

Para los mestizos mexicanos ellas y sus familias eran siluetas sin rostro, sombras que deambulaban, seres acostumbrados a vivir en la pobreza y la carestía. Sus ancestros indígenas y su lengua considerada inferior. No fue sino hasta que uno de los Presidentes en turno, declaró que la guerra contra la pobreza había sido ganada y que ahora México se colocaba en el umbral de los países desarrollados, listo para pasar el umbral al Primer Mundo.

Las mujeres indígenas, sin titubeos les dieron un ultimátum a sus esposos: ¨No voy a seguir trayendo más hijos al mundo para que se mueran de hambre.¨ Su condición era de miseria extrema. Los niños se alimentaban de hierbas, tomaban aguas contaminadas y sus hijas adolescentes eran las sirvientas de casas pudientes en Chiapas donde los hijos de los patrones las usaban para su primera experiencia sexual. Fueron ellas las que empujaron a sus hombres, esposos, hijos, a empuñar las armas como el único camino para cambiar la situación de miseria y abandono en la que los tenía el gobierno de México en 1994.

Sus hogares en la Sierra Chiapaneca se convirtieron en cementerios para los caídos en una guerra de la que al final salieron triunfantes. Hoy en día la población indígena de Chiapas se distingue por sus microempresas en las que las mujeres son en su mayoría, las administradoras. Un renglón que las distingue son las exportaciones de artículos artesanales a varios países de Europa.

A cada revuelta histórica le sigue una época de prosperidad y de paz en la que la mujer tiene un papel protagónico. En Estados Unidos la movilización de las mujeres han hecho historia. Por primera vez el número de mujeres casi iguala al de los hombres y hay más de 4 mujeres en la contienda para la presidencia de este país. La razón es muy sencilla. Las mujeres de este país, están cansadas de ver como sus hijos e hijas tienen que trabajar dos turnos para cubrir los intereses de deudas estudiantiles impagables, sin posibilidad de convertirse en dueños de casa, sin seguro médico, mientras que los que ostentan el poder, cuentan con todos los privilegios a costa del erario público. Sueldos espectaculares, residencias, pagos para viáticos, choferes privados, acceso a información confidencial que les permite jugosas inversiones, mientras el pueblo se aprieta el cinturón. Se debe reconocer que las candidatas a la Presidencia han dejado de manera temporal su comodidad, sus hogares quedaron atrás, sus hijos, su trabajo, su descanso para enfrascarse en una lucha desigual con el poder establecido que las sataniza, critica y ridiculiza. Toca al resto de la población escuchar con escepticismo las acusaciones contra ellas y verlas como verdaderas contendientes para un puesto que muy bien pueden desempeñar mejor que sus antecesores. Eso lo sabremos muy pronto.