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Considerado por la revista Time como uno de los personajes de mayor influencia en Estados Unidos, Jorge Ramos llegó el pasado 12 de abril a la conferencia de prensa que de manera diaria, da el actual Presidente Andrés Manuel López Obrador en el Palacio Nacional en México.

Ese viaje hubiera transcurrido en su vida, como otro más, en el que llega pregunta y sale satisfecho, con la frente en alto, convencido de que los reconocimientos, títulos y honores recibidos a lo largo de su carrera periodística son muy merecidos. Nadie se atreve a preguntar como lo hace Jorge Ramos.

Armado con datos que consideraba “exactos” Jorge se levantó de su asiento en la primera fila en la conferencia, con la convicción de que al final de su intervención, el Poderoso que tenía enfrente, terminaría humillado, empequeñecido, furioso porque él lo pondría en su lugar ante la “verdad” que llevaba impresa en sus manos. Su objetivo para esa ocasión era mostrar al Presidente de México Andrés López Obrador como un optimista fantasioso que se negaba a aceptar que su recién iniciado periodo presidencial amenazaba con convertirse en el más sangriento de las últimas décadas.

Lo peor que le puede pasar a un periodista le pasó a Jorge en esa ocasión, sus datos resultaron inexactos, seguro que fue culpa de sus productores. A alguien se le tiene que echar la culpa. Y lo que fue peor aún, el Poderoso a quien Jorge interrumpía a cada momento y le mostraba una abierta hostilidad, no dejó de tratarlo con amabilidad y deferencia desde el principio, hasta el final. Nada le funcionó para enfurecerlo, para sacarlo de sus casillas, como tantas veces lo había hecho con otros mandatarios en Estados Unidos y Latinoamérica. Al contrario, AMLO lo trató con bondad, en un momento dado lo invitó a subir al estrado para que juntos revisaran las cifras que no concordaban con las suyas.

A pesar de ser confrontado de manera cortés por AMLO con las evidencias que su información estaba equivocada, Jorge Ramos, se negó a claudicar y no aceptó que de acuerdo a los “verdaderos números” los índices de inseguridad en toda la República Mexicana habían bajado desde la llegada al poder del nuevo Presidente. Resultó así para los presentes y para los cientos de miles que siguen la conferencia vía internet que la premisa de Jorge era equivocada.

La explicación de su conducta la dio en una breve entrevista que dio a un reportero al final de la conferencia de Prensa. ¡Ah, eso lo explica todo!

Para Jorge Ramos el periodismo debe ser “Un contrapoder”. Es decir, independientemente de cómo sea el que sustente el poder, los que ejercen “la profesión más hermosa del mundo”, según García Márquez, deben estar en contra del que lo sustenta. Así, según la definición que dio al reportero, todos los periodistas deben ser soldados en una guerra contra el Mandatario, el Ministro, el Presidente, el Alto ejecutivo. Por el solo hecho de que éstos representan el poder. En mi opinión, esta definición de periodismo además de pobre, errática e inexacta es peligrosa.

El periodismo es algo más, es mucho más: el periodismo es la búsqueda de la verdad y si la verdad es, que el que sustenta el poder es una persona incorruptible que de verdad se interesa por el bienestar de los demás, esa es la noticia y como tal se debe respetar y difundir.

La función del periodista no es sólo denunciar la corrupción, la impunidad o el abuso de poder, también tiene el deber de reconocer cuando descubre que ha sido manipulado para perjudicar a otros, que ha sido en algún momento de su carrera, deslumbrado con la posibilidad de adquirir fama y fortuna.

Tuve la oportunidad de entrevistar a Jorge Ramos a principios de los 90. La entrevista fue por radio vía telefónica. Habló de su salida de México, huyendo de la censura. Llegó a Los Angeles en 1983 y en una década había logrado colocarse como uno de los principales conductores del noticiero nacional en español más importante de Estados Unidos.

Figura reconocida, con un contrato millonario, autor de varios libros, ya no tenía nada que probar. Sin embargo, su decisión de enfrentar con datos inexactos a un Presidente con un índice de aceptación no antes registrado en la historia de México, lo colocó en unas horas como el periodista más vituperado y su índice de popularidad amenazó con desplomarse.

Las redes sociales estallaron en insultos para Jorge, muchos inmerecidos; otros, analizaron las cifras que llevaba como prueba y mostraron sus fallas. Esta experiencia de presentar cifras que no representan la realidad, debe servir a Jorge para regresar a sus raíces de periodista humilde, sencillo, sin aspavientos, comprometido con la verdad.

Que recuerde que hasta hace poco, en su país de origen el reportero que se atrevía a criticar, señalar, cuestionar o denunciar a un Presidente, se arriesgaba a perder, el trabajo, la libertad y hasta la vida.

En México con el nuevo Presidente, eso quedó atrás, ahora se puede preguntar con libertad y eso es algo que todos debemos reconocer.

Alicia Alarcón, periodista radial,  conduce un programa de opinión en KBLA-1580 AM en Los Angeles, CA.  Es autora de La Migra Me Hizo los Mandados  y Revancha en Los Angeles (Arte Público Press).