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México no es un país pobre. Imposible pensar que lo sea cuando cada una de sus Secretarías de Gobierno están rodeadas de lujos, de obras de arte valuadas en muchos millones de pesos, las oficinas de los funcionarios son espaciosas con todo tipo de facilidades para el buen desempeño de sus funciones...

Los presupuestos son generosos y los banquetes que se dan a los invitados son superiores a los que se ofrecen en cualquier oficina gubernamental de Estados Unidos. (No es lo mismo sandwiches fríos de pavo en el Capitolio de Sacramento a un humeante y exquisito platillo con pollo y carne a la francesa con vegetales rostizados y postre adornado con pétalos de rosa en la Secretaría de Relaciones Exteriores en México.)

Otra característica que prueba la abundancia de recursos en el gobierno mexicano es la facilidad con que en cada sexenio se han ampliado y remodelado infinidad de edificios, sin importar el costo, “todo para el servicio del pueblo”. Los ejemplos de abundancia de recursos se iniciaron en la época de Carlos Salinas de Gortari con la construcción de baños privados para los que se denominaron “las nalgas polveadas”. Este término fue acuñado por un grupo de Licenciadas que compartieron, en confianza, con la que escribe, su rechazo a la decisión de construir en la Secretaría de Relaciones Exteriores un baño para las funcionarias que se negaron a realizar sus diarias evacuaciones digestivas en el mismo baño que las empleadas de menor rango.

Si todo sigue como hasta ahora, ante la campaña de austeridad del actual Presidente Andrés Manuel López Obrador, que ha prohibido cualquier privilegio o gasto excesivo a los funcionarios de alto y medio nivel, las “nalgas polveadas” ya deben ser parte del pasado. Un pasado de corrupción, que a los mexicanos de allá y de acá nos ha llenado de vergüenza y que llegó casi casi a terminar con la esperanza de que llegara al poder un hombre o una mujer con las suficientes agallas y principios para rescatar a México de tan arraigadas y nocivas prácticas.

Le tomó casi 20 años llegar al poder y no son las palabras, sino las acciones que demuestran que AMLO habla en serio y actúa en serio. Ahora le toca a la población mexicana actuar en consecuencia. Rescatar la honestidad y dejar la complicidad a un lado. Los que gozaban de privilegios, deben aceptar su derrota y trabajar con él para rescatar al país de la impunidad y la corrupción que tanto daño ha causado a la población. Esta labor no es de un solo hombre es de todo México. Por lo pronto, los mexicanos de Estados Unidos ya plantearon sus propuestos y enfatizo una. En mi opinión, la propuesta más importante y que se debe implementar sin demora, es el que en todos los Consulados Mexicanos en el extranjero, los ciudadanos mexicanos, hombres y mujeres podamos obtener una credencial de elector. (Es el documento que se utiliza como identificación en México.) Sin demoras ni burocracias, con nuestra acta de nacimiento y una identificación con fotografía (la credencial de cualquier biblioteca debe ser válida) debe ser suficiente para poder obtener de inmediato dicha credencial.

Los mexicanos somos ahora la principal fuente de ingresos en México, superior a lo que aporta Pemex (Petróleos Mexicanos) y la Comisión Federal de Electricidad, confirmado por el actual Presidente, es tiempo que los de acá seamos tratados como ciudadanos con los mismos derechos y privilegios de los de allá.

Resulta inadmisible que a diario lleguen a las fronteras, mexicanos y mexicanas deportadas y que al no contar con ninguna identificación, no puedan recibir dinero de sus familiares y amigos. Se dan casos que los dineros enviados a su nombre a establecimientos comerciales resultan incobrables por carecer éstos de una identificación que los acredite como mexicanos. Lo peor es que a la hora en que acuden a las estancias oficiales para tramitarla, les dicen que necesitan su acta de nacimiento y comprobante de domicilio para entregarles su credencial. “Eso toma tiempo”. Háganme el grandísimo favor.