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Todos ustedes, hombres, mujeres y niños tienen el mismo derecho que tuvieron nuestros padres de buscar un mejor futuro para sus hijos. Ese mismo derecho lo ejercieron millones de personas que llegaron de Europa y Asia a este país, en busca de un refugio a la violencia, persecución y hambre que prevalecía en sus
lugares de origen.

El problema es que, en muchos de estos ahora exitosos migrantes, de todas las nacionalidades, la memoria de aquellos días aciagos se ha borrado y han caído en la manipulación de algunos medios y en la del Presidente que los señala a ustedes, como enemigos a vencer. El Presidente del país más poderoso de la tierra les ha puesto armaduras invisibles, cascos de soldados a todos, incluyendo los niños que dibuja con insignias enemigas y ha enviado a su primer batallón, es el que los recibió con gases lacrimógenos y se ha dedicado a vigilarlos a distancia, como se vigila al invasor para enfrentarlo con toda la fuerza militar que tienen a su disposición y que pueden usar a su libre albedrio.

En su caminar y objetivo, ustedes tienen varias opciones, pero antes de presentárselas, permítanme recordarles lo que les dijo Martin Luther King a sus hermanos de raza negra, en uno de sus más famosos discursos, cuando éstos, en su desesperación y frustración por la forma en que sus derechos eran violados, respondieron con violencia y los medios de comunicación se encargaron de presentarlos como un peligro para la sociedad y reforzaron así las acciones y opiniones de una sociedad racista que los consideraba un peligro para la sociedad.

En el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde, les dijo Martin Luther King, no debemos ser culpables de malas acciones. No dejemos que nuestra sed de justicia, se sacie de la copa del odio y la amargura. Tenemos que conducirnos con la mayor dignidad y disciplina. No debemos permitir que nuestras legítimas protestas se conviertan en actos de violencia. Una y otra vez debemos de elevarnos y enfrentar la violencia física con la fuerza del alma.

Ustedes, caravana de migrantes, no tienen un Martin Luther King que los represente y por desgracia han surgido "líderes" espontáneos cuyas declaraciones no les han hecho ningún favor. Al contrario, los muestran como un grupo exigente e inconforme con la ayuda que hasta hoy han recibido de los mexicanos. Lo que es peor, la televisión en español ha transmitido declaraciones aisladas contra los frijoles alimento y orgullo nacional mexicano que no ayudan a su causa.

Somos muchos los que los apoyamos de este lado de la frontera, su causa será ganada por la razón y por los tratados internacionales, no se dejen vencer por la desesperanza, ni tampoco permitan que su lucha se desvirtué a causa de "líderes" que no tienen la capacidad para hablar en su nombre, ni la visión para guiarlos a un final victorioso, que para ustedes significa el cruzar la frontera y reunirse con sus seres queridos que ya están de este lado.

Sus opciones, en mi opinión son tres: Que fortuna tener tres y no nada más una.

1. Aprovechar el apoyo que el actual Presidente de México les ofrece. Permiso para quedarse y trabajar en México. Tijuana es la capital de las maquiladoras, estas empresas ofrecen salarios que los van a mantener en un nivel de vida limitado, pero digno. También si se lo proponen pueden progresar, aprender otro oficio, aprender inglés, tener una vivienda pequeña, pero propia, seguro médico y educación escolar para sus hijos.

Pueden adoptar a México como su nuevo país y seguir el ejemplo de los haitianos que llegaron a Tijuana sin hablar español, y en poco tiempo dominaron el idioma, se incorporaron al comercio primero al ambulante y ahora muchos de ellos tienen sus puestos de comercio y se han colocado en diferentes empresas y México se convirtió en su nueva casa.

2. Regresarse a su país de origen y aceptar que el panorama que les pintaron no era el verdadero.

3. Seguir su lucha a través de la opinión pública y los tribunales internacionales. Permanecer en sus casas de campaña desafiando las inclemencias del clima, esperar qué futuro le espera a este Presidente una vez que terminen las investigaciones criminales que hay en su entorno.

Mientras tanto, les reitero que no están solos. No han caminado solos. Somos muchos los que entendemos su inconformidad. Muchos de ustedes no están satisfechos como están y no deben estarlo. No deben estarlo mientras la corrupción en sus países los obligue a emigrar y poner a sus seres queridos en peligro. No deben estarlo porque sus países han sido y siguen siendo depositarios de los desperdicios del país más poderoso de la tierra. No deben estarlo porque sus tierras han sido usurpadas y negociadas por políticos que los han vendido al mejor postor. No deben estarlo porque su miseria no ha cambiado en generaciones. No deben estarlo porque el país que los debe acoger como hijos pródigos ha renegado de su responsabilidad y les da la espalda.

Y a los que todavía les preguntan, ¿Cómo pudieron caminar tantos kilómetros? Que su respuesta sea la misma: "La fuerza nos la dio la certeza de que al final del camino se abriría la puerta que nos llevaría a vivir en una sociedad donde no se roba la dignidad al otro por considerarlo diferente. Una sociedad que venció el cáncer del clasismo, enfermedad que prevalece en nuestros países. Una sociedad donde el rico, el pobre, el católico, el protestante, el judío, comparten en la misma mesa. Esa es la sociedad que sabemos nos espera del Otro Lado y hacia allá nos dirigimos".