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Last updateMar, 18 Sep 2018 5pm

El problema de la indigencia en L.A. aqueja a hombres y mujeres

Lo primero que llama la atención de la ciudad de Viena no son sus majestuosos edificios, ni tampoco los monumentos a sus célebres músicos, Joseph Haydn, Wolfang Amadeus Mozart, Ludwing Van Beethoven. No, lo primero que resalta es la ausencia de indigentes y desposeídos en esta ciudad, cuna de la música clásica.

La explicación nos la da el guía al grupo que llegamos como turistas de Los Angeles. “En Viena no hay personas que vivan en la calle, ni tampoco hay vagabundos; limosneros, uno que otro”. ¿Qué es lo que sabe Viena que ignora Los Angeles? Ciudad que ostenta el primer lugar en el número de desamparados a nivel nacional. Dicha cifra se calcula en 50,000.

Al parecer los concejales de esta ciudad, junto con el Alcalde Eric Garcetti, ya se acostumbraron a verlos todos los días de camino a su trabajo. Hombres y mujeres arremolinados en las banquetas, debajo de las arboledas que rodean el City Hall. Amanecen con sus cobijas malolientes, pedazos de plástico y cartón para protegerse del frío durante la noche. En el día, no resulta extraño ver a funcionarios locales caminar en zigzag para no tropezarse con ellos cuando tienen que atravesar los jardínes centrales para llegar a sus flamantes oficinas.

Viena es una ciudad que se jacta de haber resuelto el problema de la indigencia hace muchas décadas. A mediados de 1940 contaban por miles a las personas que no tenían techo. En la solución participaron todos, pero sobre todo, fue el liderazgo del gobierno local que retomó como un derecho de todo individuo el tener acceso a una vivienda digna, entre otros beneficios. Esa fue la base para establecer un sistema de subsidios que le permitió al gobierno proveer de una vivienda, pequeña pero digna a todos los desamparados.

Por otra parte, a las personas que sufren de problemas mentales, en Viena se les considera responsabilidad del Estado, en caso de que no cuenten con familiares que se hagan responsables de ellos. En ninguna parte de esa ciudad se ven a hombres y mujeres en estado físico deplorable hablar con seres imaginarios y mucho menos se les deja en el desamparo donde son presas de todo tipo de vejaciones, violencia y violaciones como sucede en Los Angeles, sobre todo con las mujeres.

En nuestra ciudad, se ha vuelto cotidiano, el ver a hombres y mujeres vivir en el más completo de los abandonos. Sus viviendas son los espacios debajo de los puentes, las banquetas de las grandes avenidas. Algunos, los más afortunados, se les permite montar su vivienda (una endeble casa de campaña) sólo los domingos (Calle Spring.) “Para que tomen sol”. Es el día en que pueden sentarse con toda tranquilidad frente a sus “casas” sin el temor a que la policía los obligue a desplazarse a otro lugar. El desposeído tiene que estar en continuo movimiento, para no ser expulsado del lugar que eligió para descansar. Fushi aquí no lo queremos.

¿Por qué tenemos tanto indigente en Los Angeles?
La respuesta más cómoda para los funcionarios. “Es que todos se vienen para acá por el clima”. Es más que eso. En la década de los 70, Ronald Reagan junto con la Unión de Libertades Civiles (ACLU) decidieron que internar, en contra de su voluntad, a los esquizofrénicos y a todo aquel que sufriera de problemas mentales en un sanatorio mental sin importar que tan graves y serios fueran éstos, iba en contra del derecho que les otorga la constitución de libre movimiento. Les dieron la libertad absoluta que desde entonces ejercen: dormir en la calle, sufrir hostigamiento de las autoridades y golpizas de los delincuentes. ¿Quién puede pedir más?

Para Reagan, con esa acción el Estado se ahorró millones de dólares que invertía cada año en el cuidado de esa población y para la ACLU fue un triunfo para sus causas de libertad. Por sentido común, esas personas deben en estar al cuidado de terceros en un lugar especializado. Los concejales de Los Angeles lo pueden considerar en privado, pero nunca en público, les costaría el puesto. “Me acusarían de insensible, de querer meterlos a un manicomio”.

Muchos dirán, aquí no es Viena. En eso tienen razón, en Viena la interpretación de la constitución es diferente, allá la interpretan como un derecho que tiene el ser humano a la salud, la educación y sobre todo a tener un techo. Si la persona no está capacitado para cuidarse así mismo, entonces el Estado como su tutor, toma las decisiones por él o por ella, una de esas decisiones es cuidar su integridad física y no permitir que deambule por las calles o que busque su comida en los botes de basura y mucho menos que tenga que dormir en la vía pública. Ellos lo consideran un deber humanitario. A diferencia de muchos Angelinos que los ven con indiferencia y hasta cierto fastidio “de donde salen tantos”.

En Viena el primer paso fue poner como prioridad el bienestar de los indigentes y resistir las presiones y amenazas de la alta sociedad que al principio rechazó la presencia en sus muy bien decorados edificios, la gente “sucia y mal vestid” que llegaran para convertirse en sus vecinos. El tiempo y el nuevo entorno social los absorbió y se convirtieron en hombres y mujeres útiles a la sociedad.

En Los Angeles, los concejales que ganan 179,000 dólares anuales se han mostrado tímidos, temerosos ante la idea de que se construya un edificio que albergue indigentes en su área. Aunque se trate de un pequeño porcentaje. No se diga en ciudades como Beverly Hills, Brentwood, o en las colinas de Hollywood. Oh my God, no way. El último intento de construir un proyecto de vivienda para familias de muy bajos ingresos, que incluía un centro cultural donde estaba incluida una ópera y un jardín de niños, fue en el Este de Los Angeles, el proyecto fracasó gracias a la poca cooperación del concejal José Huizar quien cedió a las presiones de los comerciantes y de otras familias que se opusieron de manera férrea a la construcción de ese complejo residencial. Como lo reportó en su oportunidad Los Angeles Times.

El problema de los indigentes se va a terminar cuando nuestros líderes antepongan su humanidad y no se dejen intimidar por los que se oponen a la presencia de desamparados en su área. Viena es un ejemplo de cómo una persona cuando se le rescata de la indigencia, se transforma, recupera su dignidad y se convierte en un nuevo contribuyente.