El sentimiento es de opresión, nadie habla, el silencio en el autobús es absoluto. Nos espera una visita a un lugar de dolor y exterminio: Auschwitz en Polonia. Al entrar hay una placa que señala el lugar preciso donde a las madres se les separaban de sus hijos. Las escenas más desgarradoras fueron captadas por las cámaras de los guardias nazis. Los niños de brazos eran arrancados por la fuerza del pecho de la madre, que se resistía a soltar a su bebé. Niños de un año, dos, tres, cinco abrazados a las piernas de sus progenitoras. Su llanto convertido en alarido al verse en los brazos de un extraño.

La repulsiva política de cero tolerancia que arranca a niños de sus madres y padres al ser detenidos sin documentos en la frontera, incluso algunos casos de personas que piden asilo, se hace más inmoral cuando el Secretario de Justicia, Jeff Sessions, intenta justificarla bíblicamente. Según su argumento, en Romanos 13 en el Nuevo Testamento se establece que las leyes del gobierno hay que obedecerlas “porque Dios ha establecido el gobierno para sus propósitos”. Romanos 13 dice que "sométase toda persona a las autoridades superiores porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas".

Al observar la conducta del presidente Donald J. Trump durante su encuentro con el dictador norcoreano Kim Jong-un, es imposible no notar su afinidad con este tipo de personajes, esos que encabezan regímenes brutales y autoritarios, independientemente de que en este caso estuviera intentando convencer a Kim de la total desnuclearización.

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