El viernes 28 de julio, el Presidente Donald Trump pronunció un discurso ante una platea colmada de oficiales de policía en Long Island, Nueva York, y envió un mensaje preocupante al país. Vale la pena citar las palabras de Trump en su totalidad, dado que se trata de una apología explícita de la violencia policial:

La designación del general John Kelly como jefe de despacho del presidente Donald Trump y, por ende, la posibilidad de que otra figura extremista asuma las riendas del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) que deja vacante Kelly, lanza otro cubetazo de agua fría a los inmigrantes, sus familiares y sus aliados.

En estos días se sigue manifestando la urgencia de una reforma migratoria, ahora cuesta arriba con una Casa Blanca y un Congreso hostiles y negados a una medida amplia, sensata y realista, pero abiertos a propuestas antiinmigrantes  para apaciguar extremistas.

El congresista de Illinois, Luis Gutiérrez, conocido por abogar en favor de los indocumentados, salió el miércoles preocupado tras una reunión que junto a otros colegas sostuvo en Washington con el titular del Departamento de Seguridad Nacional, John Kelly.

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