Al ver a Donald Trump autocongratularse por el operativo que resultó en la eliminación del líder del Estado Islámico (ISIS), Abu Bakr al-Baghdadi, y referirse a los horrores perpetrados por el extremista y sus seguidores, es inevitable pensar que el terror también se manifiesta de otras formas motivadas por medio de la crueldad y los cálculos políticos. Sobre todo, cuando estos se ejercen sin consideración alguna contra el más vulnerable, incluso si este pide ayuda a quien clama en teoría ser el paladín de los desvalidos, pero que en la práctica le cierra la puerta y, con ello, la esperanza.

Su voz, sus palabras, no solo sonaban admirables, sino que eran moralmente convincentes, llenas de espiritualidad aun en medio de un ambiente tan tóxico como es el mundo político que le tocó enfrentar...

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