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Blog: Por la boca muere el pez (los insultos de Aleks Syntek; UNICEF)

No es lo mismo 2005 que 2018, ni ponerse a insultar con palabrotas a quien no está de acuerdo contigo.

En ocasión del 10mo aniversario luctuoso de Selena (celebrado con un Megaconcierto en Houston al que acudieron decenas y decenas de estrellas) viajé con una enorme emoción a la ciudad espacial y terminé, por suerte, colocada en un lugar súper especial en la alfombra roja previa al súper evento. Era el mes de marzo, en el 2005 y no existía la parafernalia de las redes sociales ni livestreaming o cosas por el estilo, pero el evento era de una magnitud pocas veces vista. Yo quería entrevistar (entiéndase saludar) a Alejandra Guzmán antes que a nadie más, y mi viaje básicamente fue casi con ese propósito. Recuerdo que casi le rogué a un colega en Dallas/Fort Worth que me llevara bajo su acreditación, pues yo trabajaba de tiempo completo cubriendo noticias internacionales, con énfasis en la Guerra de Irak.

Pero las cosas ocurren como tiene que ser, no como uno quiere que ocurran: Antes de que la Guzmán se apareciera, primero pasaron ante mí, Thalía, Gloria Estefan, Ana Gabriel, Pepe Aguilar y quién sabe cuántas figuras más. Recuerdo que de un momento a otro estaba la India dando una entrevista a una reportera a mi lado, y yo, de pronto vi que Alejandra se alejaba por lo que, tratando de llamar su atención le grité varias veces hasta que volteó y se acercó (finalmente) a hablar conmigo, pues ya estaba a punto de dar vuelta sin atender a los que quedábamos al otro extremo del lugar, (se había parado a posar para los fotógrafos y ya se iba a meter al estadio).

Dicho lo anterior, aclaro que este escrito en sí, o anécdota loca, no es especialmente sobre Ale. Ella nos dio varios minutos a mí y otros y se fue alegre. Iba a cantar esa noche Bidi Bidi Bom Bom, me dijo, casi gritando y contagiada de mi emoción. Después del subidón de adrenalina y de haber hablado con ella, yo me relajé y vi que pasó Aleks Syntek, un músico que respeto, pero que como cantante siempre me ha sido indiferente. Y he aquí mi chanza: Quise hacer una prueba rapidita acerca de un prejuicio que guardaba sobre él (me parecía algo presumido desde siempre y quería ver si estaba equivocada). Entonces le grité, ¡hey, Aleks! Y pues no contestó... un segundo después, cuando le dije, -¡Maestro! Respondió de inmediato, con una sonrisa desbordada (dándome la razón, me dije yo, inmadura también, casi celebrando). Y hablo del 2005, cuando éramos todos más jóvenes, más fanáticos, con más locurillas, hablando de los de mi generación desde luego, nací a mediados de 1970.

Ahora me digo, con cierta sobriedad y con puro afán refexivo que, después de los 40, reaccionar como lo hizo Syntek es una barbaridad, qué bueno que ya pidió perdón y no sé qué más... Recién me entero del escándalo de su furia por cómo alguien quiso hacer una encuesta sobre el tipo de música para esuchar en oficinas y Syntek perdió la compostura... cibernértica. Puede ser algo simplemente grotesco y anecdótico a primera vista, pero considero que esa intolerancia a lo que Syntek asumió como una supuesta crítica o burla de un tercero no le hace bien a nadie, en especial cuando proviene de una figura pública de 48 años, ni sus sucesivos dichos que rayaron en el racismo.

No pienso ponerle adjetivos a su conducta. Me remito simplemente a lo que UNICEF publicó sobre lo expresado por Syntek, quien hasta ahora sigue siendo un “Embajador de Buena Voluntad” de la organización. “Dichos mensajes no son consistentes con el respeto a los derechos humanos, ni con la conducta esperada de personajes de alto perfil que apoyan nuestra labor en pro de los derechos de la infancia”.

Solo me gustaría señalar cómo un grande, una leyenda, como lo fue Juan Gabriel fue víctima de innumerables insultos inmerecidos, y hasta ahora no recuerdo que alguna vez haya reaccionado de una forma tan agresiva o abusiva contra el público. Cuestión de personalidad, supongo. UNICEF no debería de esperar más para deshacer los lazos que lo unen con el cantante.