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DFW: Deja un saldo "de felicidad" la presentación de La Santa Cecilia en Arlington

La Santa Cecilia se convirtió en una especie de agente de la felicidad el sábado, en Arlington, durante un concierto masivo y al aire libre que mostró al cuarteto en su mejor versión.

Familia, norteñas, lágrimas, cumbias, folclor, baladas, sones y valses. Fue un esperado reencuentro (que nadie planeó, pero que muchos esperaban) tras poco más de dos años de dolor e incertidumbre global. Algunos se enteraron por recados de seguidores bien enterados, otros con menos de 24 horas de anticipación y por gracia del algoritmo en las redes sociales, etc., lo cierto es que La Santa Cecilia los recibió a todos por igual, con mimos en el alma entre canción y canción, porque bien dice el dicho que "la cultura cura".

Los que ya conocían a la banda dejaron sus sillas y llegaron hasta el frente para disfrutar de pie y poco después (algunos de ellos) empezar a bailar y cantar. Madres con niñas en brazos, parejas multigeneracionales y más de uno que soñaba con entender cada palabra en español de lo que estaban cantando los también ganadores del Grammy.

La gran ejecución musical y clásicos como "En en último trago" y "Odiame", así como los éxitos propios: "Ella me enamoró" y "Leña de pirul", cumplieron con su parte, pero la potente voz y el sentimiento de Marisoul le agregaron el mayor intangible al goce (también indescriptible) del momento, porque cualquiera pueda cantar y bailar... 

El espectro musical que abarca La Santa Cecilia es tan grande y tan diverso como el mismísimo continente americano, aunque el arraigo a México sobresale indudablemente, con todo y sus diferentes matices, incluido el mexicoamericanismo. A una banda ecléctica le corresponde un público ecléctico y esta vez no fue la excepción.

El "regreso a las andadas", como lo describió Marisoul Hernández al final de la presentación, es una forma humilde de decir que la agrupación retomó sus presentaciones en vivo con una oferta todavía más variada y sólida ("por si hiciera falta"), teniendo como respuesta el respaldo de un público que simplemente sigue en aumento.

El momento sublime de la noche ocurrió cuando interpretó abrazada de su niña "Como Dios manda", una letra que escribió dedicada al padre de su hija y a la pequeña, pero la canción nació con alas. El público la adoptó y ahora la canta con sentimientos propios. 

Poco después de dar por terminada la presentación, Marisoul salió a saludar a los seguidores de la banda y no dudó en acompañar a un grupo de ellos que llegó con jarana en mano a tocar sones jarochos. Cerca del grupo que se formó también para pedirle fotos  a la vocalista o demostrarle su cariño,  un hombre se cubrió el rostro pero no pudo dejar de llorar. Sus acompañantes explicaron que sus lágrimas eran de felicidad, pues conocía a Hernández desde que en la adolescencia solía cantar por las calles en plena en busca de una oportunidad.

Familia, norteñas, lágrimas, cumbias, folclor, baladas, sones y valses. Fue un esperado reencuentro (que nadie planeó, pero que muchos esperaban) tras poco más de dos años de dolor e incertidumbre global. Algunos se enteraron por recados de seguidores bien enterados, otros con menos de 24 horas de anticipación y por gracia del algoritmo en las redes sociales, etc., lo cierto es que La Santa Cecilia los recibió a todos por igual, con mimos en el alma entre canción y canción, porque bien dice el dicho que "la cultura cura".

Los que ya conocían a la banda dejaron sus sillas y llegaron hasta el frente para disfrutar de pie y poco después (algunos de ellos) empezar a bailar y cantar. Madres con niñas en brazos, parejas multigeneracionales y más de uno que soñaba con entender cada palabra en español de lo que estaban cantando los también ganadores del Grammy.

La gran ejecución musical y clásicos como "En en último trago" y "Odiame", así como los éxitos propios: "Ella me enamoró" y "Leña de pirul", cumplieron con su parte, pero la potente voz y el sentimiento de Marisoul le agregaron el mayor intangible al goce (también indescriptible) del momento, porque cualquiera pueda cantar y bailar... 

El espectro musical que abarca La Santa Cecilia es tan grande y tan diverso como el mismísimo continente americano, aunque el arraigo a México sobresale indudablemente, con todo y sus diferentes matices, incluido el mexicoamericanismo. A una banda ecléctica le corresponde un público ecléctico y esta vez no fue la excepción.

El "regreso a las andadas", como lo describió Marisoul Hernández al final de la presentación, es una forma humilde de decir que la agrupación retomó sus presentaciones en vivo con una oferta todavía más variada y sólida ("por si hiciera falta"), teniendo como respuesta el respaldo de un público que simplemente sigue en aumento.

El momento sublime de la noche ocurrió cuando interpretó abrazada de su niña "Como Dios manda", una letra que escribió dedicada al padre de su hija y a la pequeña, pero la canción nació con alas. El público la adoptó y ahora la canta con sentimientos propios. 

Poco después de dar por terminada la presentación, Marisoul salió a saludar a los seguidores de la banda y no dudó en acompañar a un grupo de ellos que llegó con jarana en mano a tocar sones jarochos. Cerca del grupo que se formó también para pedirle fotos  a la vocalista o demostrarle su cariño,  un hombre se cubrió el rostro pero no pudo dejar de llorar. Sus acompañantes explicaron que sus lágrimas eran de felicidad, pues conocía a Hernández desde que en la adolescencia solía cantar por las calles en plena en busca de una oportunidad.