La del jueves fue una noche de sabor, nostalgia y gozo que fue de menos a más al son del legendario grupo Bronco en el Pabellón del Toyota Music Factory, en Las Colinas, no muy lejos de Dallas.

Aunque son las canciones que de memoria recuerdan millones a lo largo del continente americano, la formación de Bronco dista claramente de ser la de antaño, aunque su sonido se mantiene firme, salpicado de arreglos modernos con guitarras eléctricas que le inyectan energía.

Lupe Esparza sigue siendo la roca, principal cimiento de la agrupación de las cercanías de Monterrey, Nuevo León, y es capaz de dirigir hasta con la pura mirada a sus jóvenes compañeros.

Con un repertorio de clásicos que pocas agrupaciones populares pueden presumir: baladas románticas, cumbia y guiños de norteña, todo en una sola noche, los jóvenes Esparza y el júnior Ramiro Delgado sacaron adelante el compromiso musical ante unos cuantos miles que gozaron de principio a fin.

"Sergio el bailador", "No nos vamos a olvidar", "Mi amigo Bronco" (en homenaje a Choche), "Un fin de semana" y "Que no quede huella" pusieron a cantar y bailar a los presentes.

Octavio Machado opinó que el hijo de Ramiro, "Ramirito", estuvo muy bien en los teclados y el acordeón, pero "claro que le falta la originalidad" de su padre, que es excelente.

José Esparza, el heredero de la voz de Lupe, llevó la batuta en la mayoría de los temas, siempre con el respaldo y la dirección de su padre.

Uno de los detalles más sobresalientes de la noche fue la invitación que hizo Lupe a un pequeñito que llegó con sus padres vestido de "Bronquito" y con guitarra en mano. El niño acompañó durante dos canciones a los integrantes del grupo arriba del escenario, siendo vigilado con una amplia sonrisa por el señor Bronco.

Lupe agradeció al público que los acompañó en buena cantidad, "a pesar de ser un jueves".