El Presidente del país más poderoso de la tierra afirmó que Japón es un modelo de país y tiene razón. No hay pobreza, ni tampoco basura en ninguna parte. Tirar un papel o desperdicio en calles, banquetas o en cualquier parte es considerado un acto deshonroso, además de ser severamente sancionado por la ley.

El sistema masivo de transporte de Japón es envidiable, los habitantes se trasladan a sus lugares de trabajo, escuelas, a parques y cualquier otro espacio en trenes modernísimos que se desplazan a grandes velocidades y llegan a tiempo a su destino.

La violencia si pasa de 300 incidentes al año se convierte en noticia de primera plana que exige atención inmediata por parte del gobierno.

En Japón las construcciones son verticales, esto se debe a su limitado territorio. (Esta nación cuenta con 120 millones de habitantes y en territorio es un poco más grande que el estado mexicano de Chihuahua.) Esto no impide que la mayoría de los japoneses sean dueños de una casa o un departamento dentro de uno de los rascacielos que abundan en todas las ciudades. Esto es posible al hecho de que en este país no existen los intereses hipotecarios.

En el sector salud, en Japón hay cobertura universal y en el terreno educativo el costo de una carrera incluida la de Ingeniería y Medicina no pasa de 15, 000 dólares al año.

Por lo anterior, es fácil estar de acuerdo con la opinión del Mandatario, la sorpresa viene cuando da a conocer la verdadera razón de su predilección por Japón. "No hay migrantes". "Todos son japoneses". "Hay una sola cultura, un mismo idioma".

Fue un error por parte de los que lo acompañaron a ese viaje, no haberle enseñado un poco de su historia. Así se hubiera enterado que Japón sufrió durante siglos guerras intestinas y un aislamiento impuesto a sangre y fuego a sus habitantes y a los que se atrevían asomarse a sus costas. Todo cambió en 1853 con la llegada del Oficial Naval estadounidense Matthew Parry quién sin mucha diplomacia le exigió al gobierno feudal de entonces, permitirle atracar en su principal puerto o atenerse a las consecuencias.

Ante las amenazas del recién llegado y una muestra del poderío de sus cañones, (armas para ellos hasta entonces desconocidas.) Los feudales aceptaron el desembarco del Oficial. Fue así como se inició una nueva era de comunicación e intercambio comercial entre Japón y otras naciones del mundo.

Con ese antecedente histórico y los problemas bélicos que se dieron en el siglo XIX y XX entre Japón, China y Corea es fácil entender la negativa por parte de chinos y coreanos de emigrar al país vecino.

En medio del progreso económico, tecnológico y educativo, debo decir que en Japón se vive ahora, una crisis que acecha el bienestar y amenaza con alterar la forma de vida de sus habitantes. "Faltan migrantes". "No hay migrantes". "Que vengan los migrantes". La realidad es que hay mucho trabajo en la construcción, en el campo, en empresas de servicios y muy pocos japoneses dispuestos a realizarlos.

El gobierno no atina como atraer trabajadores del exterior. En mi opinión, una forma efectiva para propiciar la migración de Latinoamericanos a Japón sería a través de los consulados japoneses y también se deben reducir los onerosos requisitos para emigrar a ese país.

Para los 23 viajeros, incluida la que escribe, que tuvimos la fortuna de visitar esta nación, hace un par de semanas, en la que se combina lo antiguo con lo moderno, donde muchas mujeres se visten con kimono los domingos y visten a sus hijos con el vestuario de sus ancestros, Japón es un ejemplo de civismo, de progreso pero también es un modelo del sufrimiento que pueden causar a sus pueblos, los gobernantes que toman decisiones equivocadas.

Japón sorprende y maravilla al visitante. Una nación que quedó en ruinas, devastada por el efecto destructor de dos bombas atómicas: la de uranio que cayó en Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y la de plutonio en Nagasaki tres días después. Resulta imposible no preguntarse cómo lograron reconstruir su país en un tiempo récord. Esa nación que quedó reducida a cenizas, es ahora una potencia mundial con un estándar de vida de sus habitantes superior a muchas otras.

Ojalá que al Presidente de Estados Unidos en su visita a Japón, le hayan quedado muy clara la lección de los efectos que causa en una nación la exclusión y la escasez de migrantes.

Nota del autor. Los mejores meses para visitar Japón son Marzo y Octubre. En este viaje recorrimos además de Tokyo, Hakone, Kyoto, Himeji, Osaka e Hiroshima y otras diez ciudades. Vimos muchos cerezos en flor, jardines y bosques de un verde intenso. Centros comerciales de hasta de 30 pisos. (Osaka) y distintos Templos que datan de hace más de mil años. Una experiencia que les recomiendo.