La primera señal de que entrábamos a un lugar exclusivo donde acostumbran hacer sus compras los residentes más solventes de Berlín, Alemania, fue el encontrarnos, a la entrada, con un guardia recto como una torre con un sombrero de bombín, la piel rosada y lisa como piedra de rio, que sin dejar de observarnos con el rabillo del ojo, nos abrió la puerta con sus manos enguantadas.

Michelle Menache

A veces el perdón en lugar de buscarlo en nuestro corazón tenemos que tomar un avión y volar hasta el otro lado del mundo, donde el reloj marca 6 horas al revés y por arte de magia rejuveneces media cana... Perderte en un país de esos raros, volverte más muda que sorda y tratar de entender el idioma desconocido y frío. Enfrentar la humillación de no saber comunicarte y rendirte ante el ego, ponerte el saco de “yo puedo” y caminar un infierno blanco.

Más artículos...