"Para Selena, con amor", de Chris Pérez, es un cúmulo de anécdotas tiernas, en su mayoría, y de primera mano, sobre la corta pero intensa vida de Selena. Es una narración en concreto sobre los últimos años de la vida de la cantante tejana, cuando empezaba a escribirse la leyenda de una de las más populares figuras de la música latina que sin querer, con su muerte, a mediados de los noventa, dejaría una huella imborrable en la mente de millones a lo largo de los Estados Unidos y Latinoamérica.

El corazón de Pérez, viudo de Selena y exguitarrista de Los Dinos, parece traslucirse a través de cada una de las páginas de este libro. Aunque tras su muerte le dedicó una sentida canción a su fallecida esposa, esta recopilación de recuerdos, en el que el principal ingrediente es el amor que sintió por Selena, es el mejor homenaje que le ha podido hacer a la memoria de una mujer leal y talentosa, como bien la alcanza a describir.

"Para Selena, con amor", conmueve por la sencillez del autor, por la transparencia de sus sentimientos. Pérez simplemente deja que su mente ruede en reversa, y ofrece como mejor puede, un recuento cándido y sincero, sin rencor, -sobre todo sin rencor- de la forma en que su historia de amor con Selena empezó a germinar. De los obstáculos que enfrentaron en el nacimiento de ese romance juvenil que tanto roce llegó a causar en el clan de los Quintanilla y luego, ante el inesperado desenlace de la historia, su lucha por no morir él también ante la tragedia que lo asaltó cuando ambos habían superado una crisis conyugal y estaban dispuestos a ser padres.

La mayoría de los recuerdos se remontan a la época en que Selena y los Dinos se transportaban por carretera para cumplir con sus presentaciones en un autobús al que simpáticamente llamaban "Big Bertha". No obstante, fue durante un viaje en avión a Acapulco, en el que la joven cantante y el inseguro guitarrista descubrieron que ambos simpatizaban más allá del compañerismo profesional, según Pérez.

Después de contar por un tiempo con la complicidad de sus compañeros de la banda, (no querían que se enterara el padre de la cantante) Chris cuenta que nunca ha sabido por qué, una tarde, de buenas a primeras, Suzette, la hermana de Selena, entró al camarote del autobús donde ambos conversaban con mucha proximidad y decidió delatarlos en ese mommento ante Abraham Quintanilla, para asombro y decepción de la pareja.

En contraste con la personalidad cauta y reservada de Pérez, Selena era dueña de una audacia y un carácter emprendedor que, por ejemplo, los inspiró a casarse por lo civil sin decirle a nadie, para poder así liberarse del yugo paternal que tanto la atormentaba: Cuando Pérez abandonó el grupo, después de una fuerte discusión con Abraham, la misma tarde que Suzette denunció su relación, Selena decidió seguir viéndose con él a escondidas, tanto en San Antonio como en Coprus Christi, hasta que logró casarse con él.

Su matrimonio, aunque incipiente, tuvo sus altibajos. Pero la pareja disfrutó lo mejor que pudo también. Selena era una aventurera incansable y Pérez recuerda su espíritu explorador cuando la llevó de vacaciones a Jamaica y también en los aprietos en que lo metía, como cuando lo obligó casi a enseñarle a conducir en moto en Texas, asi como sus constantes retos para jugarle carreras en automóvil.

Selena soñaba con dedicarle tiempo a su mayor pasión fuera del escenario: el diseño de modas. Y aunque otra vez, su padre se oponía a que su hija le destinara tiempo a algo que no fuera su carrera como cantante, la menor de los Quintanilla pudo abrir dos boutiques. Fue ahí donde empezó a cobrar fuerza en su vida la presencia de Yolanda Saldívar, quien de ser la presidenta de su club de fans en San Antonio, se convirtió en su asistente personal hasta que finalmente empezó a causar problemas por el mal manejo de las boutiques, de las cuales también había tomado las riendas a solicitud de la cantante, cuya fama iba en ascenso ya para 1994.

El relato entonces se vuelve sombrío hasta que culmina con la llegada de Pérez a un hospital de Corpus Christi, el 31 de marzo de 1995, cuando, traspasado por la noticia del asesinato de su joven esposa, se niega a reconocer el cuerpo de Selena.

“Mucha gente me pidió que escribiera nuestra historia después de que Selena falleció. Siempre dije que no. Estaba demasiado ocupado tratando desesperadamente de blindar esa parte de mi vida por completo ... He empezado a darme cuenta de que, al enterrar todo dentro de mí, he estado viviendo mi vida con los ojos vendados, sólo poniendo un pie delante del otro sin realmente avanzar en absoluto", escribe Pérez sobre la decisión de escribir su libro.

"Selena amaba con la misma fuerza con la que vivía la vida. Nosotros la amábamos de vuelta - su familia, sus amigos, sus fans, y yo, su marido, que se sentía como el hombre más afortunado cada vez que Selena decía mi nombre. Este libro es para ella", afirma.


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