Hace año y medio se me ocurrió titular "Entrevista | Cristina Rivera Garza, escritora mexicana elogiada por Carlos Fuentes", para publicar una conversación con la novelista en cuestión, poseedora de un gran oficio, aunque de reconocimiento modesto, según yo. Supuse que al mencionar a Fuentes realzaría su nombre, al menos en el papel, pero después recordé que Garza se autonombraba feminista, como un modo de vida en el que "en un mundo como en el que vivimos me parece que es la única opción digna".

Entre tantos apuntes y peripecias en torno al escrito (ese diciembre se me echó a perder el teclado de mi computadora y transcribí primero a mano la entrevista antes de "subirla a la web"), quise olvidar el detalle, deseando no haberla ofendido y me propuse leer su obra para en cambio, hacerme de una opinión propia... aunque entre tantos pendientes no cumplí con hacerlo. Al haberla escuchado conversar de forma tan elocuente y haber leido fragmentos de "Nadie me verá llorar", me quedé con una grata impresión y lo de Fuentes indudablemente reforzó mi corazonada, me pareció y me sigue pareciendo un elogio importantísmo, aunque no por ello determinante, desde luego. Pero pasaron muchos meses y no fue hasta que Wild Detectives presentó a Garza la semana pasada en su minifestival "Hay Forum" que me acordé de su gran escritura creativa, de autoexigencia.

"La Cresta de Ilión" (2010, Random House), en una nueva edición, revisada a propósito de la primera traducción que le hicieron al inglés, es una obra de primera línea. La compré antes de irme del lugar, poco después de haber escuchado a Rivera Garza junto a otros dos escritores hablar sobre Juan Rulfo, Amparo Dávila y San Juan de la Cruz, combinando inglés y español de un modo delicioso ahí en el cómplice rinconcito literario de Oak Cliff/Bishop Arts.

La Cresta es un libro muy bien escrito, de un carácter arrasador que pocos escritores modernos -por lo menos en español- son capaces de lograr. Conforme avanza el texto se vuelve algo denso, por la fantasía que plantea, pero sin llegar a enredos monumentales o "épicos" que otras obras exponen y a mí en lo personal me hacen huir. Hablando de influencias, tiene influencias, supongo, de varios escritores o escritoras, y de la vida misma, como ella afirmó en la entrevista de 2017. Me recordó la sensaciones que me produjo Un mundo feliz, de Aldous Huxley y al mejor libro que uno lee a veces sin querer abandonarlo a pesar de las obligaciones mundanas que lo llaman a hacer una pausa. (Probablemente me quedo corta en mis comparaciones, pues admito que he leído muy poca literatura firmada por mujeres y sé que la historia es un homenaje a Dávila, por ejemplo). En un momento estupendo de la obra, esa Amparo, la protagonista se queja de no poder escribir  desde que le robaron un manuscrito (aunque su interlocutor le diga que a diario la ve, en efecto, escribir). —Eso no es escribir... —Eso sólo es recordar.

Y no, su literatura no es feminista, aunque Rivera Garza lo sea.

"Mis libros, por otra parte, los calificaría más de libros críticos, que plantean preguntas a veces incómodas acerca del mundo en que vivimos", así me lo explicó en su visita anterior.

Sin nada que agregar por el momento, excepto la emoción de compartir que encontré a la sucesora de Julia Alvarez de mi biblioteca breve, me quedo con el pendiente de cinco libros suyos y espero no tardar mucho en dar con ellos. También buscaré los textos de Dávila.