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El periodismo mexicano: entre el heroísmo la vergüenza

El intento de asesinato que sufrió Jesús Blancornelas periodista mexicano, fundador del Semanario Zeta, el 27 de noviembre de 1997 fue el sismo que abrió grietas profundas que no se han podido cerrar, en un oficio que es ahora uno de los más peligrosos de ejercer en territorio mexicano. Blancornelas murió el 23 de noviembre de 2006 en Tijuana, Baja California.

Han transcurrido 20 años desde ese atentado y la lista de periodistas asesinados aumenta todos los días. Hombres y mujeres, cuyos nombres aparecen un solo día en las noticias y al siguiente día desaparecen de los periódicos; su rostro tampoco vuelve a aparecer por televisión. Nadie reporta sobre el fin que tuvieron sus hijos, sus viudas, sus viudos, su publicación. Rara vez se sabe si el autor del asesinato fue arrestado o si existieron cómplices poderosos en el homicidio. Nombres como el de Miroslava Breach, periodista en Chihuahua quien denunció el despojo de tierras a los indios tarahumaras, obligados a cosechar amapola por los cárteles. Escribió sobre los vínculos de partidos políticos con el crimen organizado. El jueves 23 de marzo, Miroslava fue asesinada. La víctima ejerció un periodismo crítico, acostumbraba dar pelos y señales de los candidatos a alcaldías del PRI que aseguraba eran parte del crimen organizado. 

Foto de Javier Valdez Cárdenas/(Captura de Twitter Diego Enrique Osorno)

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) repudió el asesinato del periodista Javier Valdez Cárdenas, ocurrido este lunes en el estado de Sinaloa y el quinto este año en México; al tiempo que exigió a las autoridades a asumir de una vez sus responsabilidades de investigar, identificar y llevar ante la justicia a los culpables de éste y otros crímenes contra comunicadores.  

Valdez Cárdenas, de 50 años, era corresponsal del diario La Jornada en Sinaloa desde 1998 y fundador del semanario Ríodoce. De acuerdo a varios medios locales, alrededor del mediodía desconocidos que se movilizaban en un vehículo en el centro de la ciudad de Culiacán, interceptaron su automóvil y dispararon contra él. El reconocido periodista y escritor fue asesinado a pocos metros de Ríodoce.

El periodismo a través de Facebook también es peligroso. Cecilio Pineda, reportero independiente. Joven valiente que hizo de su celular su herramienta de trabajo. Captó imágenes que publicaba acompañada de notas. En su página también aparecían anuncios de negocios: zapaterías, talleres mecánicos, restaurantes. Esos anuncios le garantizaban mínimos ingresos. Nunca se desanimó. Su compromiso era con informar los que otros callaban. Cecilio fue asesinado el pasado 2 de marzo en Guerrero. Fue un cronista de los levantamientos de ciudadanos contra el crimen organizado. Movimientos que no figuraron en ninguno de los noticieros nacionales de televisión. Su domicilio y lugar de trabajo estaba en la ciudad Altamirano, en uno de los municipios más pobres del Estado de Guerrero. El día en que lo asesinaron, hizo una denuncia en vivo en su cuenta de Facebook. Dio detalles del contubernio, que aseguró, existía entre sicarios y autoridades. En el video citó nombres y ubicaciones.

Ricardo Monluí fue acribillado el domingo 19 de marzo, en la ciudad de Córdova Veracruz. Una de las versiones fue que un grupo de pistoleros abrieron fuego contra él. Ricardo quedó tirado en la banqueta, afuera del restaurante donde hacía apenas una hora antes había desayunado con familiares y amigos. Era dueño de su propio periódico: El Político de Córdoba y escribía para varios diarios locales.

Hasta la fecha no ha habido arrestos por los asesinatos. Y mientras la impunidad cobija la muerte de estos y otros periodistas y las autoridades mexicanas se ven lentas en las averiguaciones. La vergüenza en el gremio continua por la actuación del periodista mexicano Mauricio Ortega, ex director del periódico La Prensa, a quien se le comprobó el robo de dos camisetas, una de ellas valuada en medio millón de dólares propiedad de la estrella de futbol americano Tom Brady. La Policia de Houston, Texas en coordinación con el FBI y las autoridades mexicanas identificaron al culpable y dieron con su paradero. Ortega no irá a la cárcel ni sufrirá consecuencias legales por el hurto. Dos meses les tomó a estas autoridades dar con el autor del robo. Fue una cacería internacional. ¿No merecen acaso los periodistas asesinados la misma atención de los medios y los mismos recursos para dar con los culpables?

Alicia Alarcón, periodista radial,  conduce un programa de opinión en KBLA-1580 AM en Los Angeles, CA.  Es autora de La Migra Me Hizo los Mandados  y Revancha en Los Angeles (Arte Público Press). Su correo electrónico es: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.