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Last updateSáb, 22 Jul 2017 1am

El Presidente define a sus cuates en la Cumbre de los 20

¿Quién es y quién no es cuate del Presidente?

Cada año los presidentes de los veinte países considerados más ricos del mundo, incluidos México, Brasil y Argentina junto a Australia, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, Corea del Sur, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Turquía, el Reino Unido; por supuesto Estados Unidos y la Unión Europea, se reúnen en un país determinado para hacer un balance de sus riquezas, (logros) y también de la pobreza que no termina de acabarse a pesar de los programas y de las ayudas que se implementan cada año y los millones que se aprueban en préstamos, según argumentan algunos.

El grupo G20 como también es conocido, tuvo su origen en el terror que tuvieron las grandes potencias al ver sus capitales afectados por las crisis financieras que se dieron a finales de los 90. Un grupo en Washington decidió que estas crisis podían prevenirse si los presidentes y reyes de los países más ricos del mundo se reunieran, se conocieran, convivieran más y se cooperaran uno al otro, con información, con intercambios comerciales, es decir un grupo solidario, de apoyo mutuo. Nótese que a los países pobres no se les permite que envíen, ya no digan al presidente, sino a algún delegado para que aprenda algo, medidas anticorrupción, anti soborno, algo de estos países avanzados. ¿Será que se habla muy mal de ellos? Tal vez se dicen cosas como: Ya nos cansamos de prestarles y siguen igual. El principal problema de los países pobres son sus gobernantes corruptos. Tal vez se digan cosas peores, pero eso no lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que a partir de la crisis financiera que se vivió en el 2008 en Estados Estados Unidos, en que pocos se hicieron más ricos y muchos terminaron más pobres, y sin casa, a la reunión de los 20 se le agregaron figuras relevantes del mundo financiero, como el Presidente del Banco Mundial, por citar alguno. Este año de 2017 la ciudad elegida para la reunión fue Hamburgo, Alemania y el encuentro se efectuó la semana pasada.

En cada cumbre se especula quién se reunirá con quién y también se destacan los desacuerdos previos entre los asistentes y se espera el desenlace. En esta ocasión, en medio de especulaciones y posibles dramas, los reflectores y la atención mundial de los medios se centraron en dos reuniones del Presidente. La que tuvo con el presidente de Rusia Vladimir Putin y la que tuvo con su vecino, el presidente Enrique Peña Nieto.

La reunión con el presidente de México empezó de la peor manera: A una pregunta de un reportero sobre si México todavía pagaría por la construcción del muro, prometido por el Presidente, éste sin vacilar, contestó de manera categórica. “Absolutamente”. Le faltó agregar, sí, por supuesto, no hay duda. Pero ya no hubo tiempo, porque la reunión inició. Fueron casi 40 minutos de declaraciones preparadas en la que el Presidente no disimuló su desinterés e impaciencia. El presidente de México, por el contrario, se mostró sonriente, optimista, alegre como si todo lo que afirmaba su interlocutor eran puras buenas noticias para su país.

Al final de la reunión, los funcionarios mexicanos que acompañaron a Peña Nieto tuvieron que dar una explicación a la pasividad de su presidente: “Es que no escuchó la pregunta ni lo que se contestó”. Todos la escucharon, menos él, ni tampoco nadie se tomó el tiempo de pasarla una nota con la información para que no hubiera salido tan mal parado. La reacción en México fue de indignación colectiva. “Se lo dijo casi en su cara y él como si nada”.

Algunos medios hablaron de una oportunidad perdida. “El Presidente pudo haber enmendado su relación con México”. Les recuerdo a estos medios que lo que menos le interesa a nuestro Presidente es enmendar o quedar bien con México, ni con los mexicanos. Olvidan que fueron esos ataques lo que le pavimentaron el camino al triunfo. Si a eso se le agrega la ayuda mediática tan eficaz que le dieron los rusos, fue carro completo.

A Enrique Peña Nieto, el Presidente no sólo le confirmó, de manera pública, que México pagará la construcción del muro, sino que se prepare porque tiene toda la intención de enviarlo junto con la población mexicana a la época de las cavernas con los cambios que piensa hacerle al Tratado de Libre Comercio (NAFTA). El Presidente de México, por su parte, reaccionó a las declaraciones del presidente de Estados Unidos, como siempre lo ha hecho cuando se insulta y se injuria a su país y a sus representados: con una amplia sonrisa, con un saludo fraternal, con atenciones infinitas para el Presidente y su bella esposa. Una foto publicada el pasado sábado, un día después de su reunión lo constata. El Presidente y su bella esposa, sentados en un teatro. El mandatario mexicano, por la parte de atrás, de pie con una actitud de: “Aquí estoy atrasito para lo que se les ofrezca”. Más indignación colectiva para México.

Muy diferente fue la actuación del Presidente ante Vladimir Putin, el mandatario de Rusia. Lo recibió como al amigo extraviado que recién encuentra. La alegría de verlo, la cercanía para escucharlo mejor. La atención con que siguió sus palabras. No cabía la menor duda. El Presidente tenía ante sí un hombre que admira y respeta. Su admiración por Putin la hizo pública varias veces, mucho antes de que pensara en la presidencia. Para él Putin representa el hombre fuerte, con carácter, que sabe imponer su voluntad sobre un pueblo que lo obedece y no hay tribunales que invaliden sus órdenes. “Aquí soy víctima de un complot y de noticias falsas”, se queja una y otra vez el Presidente.

La población alemana, por su parte, haciendo a un lado las protestas que al final se tornan violentas y que ya son esperadas en cada cumbre de los 20, respondió al Presidente con un rechazo absoluto; no hubo invitaciones especiales, ni de ninguna especie, más de un lugar le cerró las puertas. Y con ese rechazó sólido, general, el pueblo alemán le cobró al Presidente el trato por demás descortés que tuvo con su presidenta Angela Merkel cuando en su visita a Estados Unidos la dejó con la mano extendida. Una lección de solidaridad que dan los alemanes al mundo, de cómo debe se debe tratar a un hombre, cuando éste le falta el respeto a su Presidenta.