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La comedia oscura que hace brillar a Salma Hayek: Beatriz at Dinner

Sin dejar de ser un gran film, “Beatriz at Dinner” no es justamente lo que a primera vista aparenta. La nueva película de Salma Hayek, brillantemente dirigida por Miguel Arteta, no es una exaltación o un elogio profundo a la experiencia inmigrante como su emotivo trailer sugiere.

En cuestión de estilos, la cinta es una comedia oscura y tensa, escrita por el talentoso Mike White, con quien el director ha hecho mancuerna en ocasiones anteriores. Es una sátira muy bien lograda, y por lo tanto, muy alejada del tradicional drama hollywoodense con un desenlace triunfal o conmovedor de una heroína que supera obstáculos, derrota a un malvado o se sobrepone a una tragedia. Ese personaje reivindicador que algunos podrían andar buscando en la historia protagonizada por Hayek simplemente no existe; el constante reproche del “pobre” (o la pobre) al “millonario” por sus cuestionables modos de operar, ése sí no falta; el discurso moralizante está a cargo de Hayek, totalmente transformada, en una interpretación casi virtuosa de Beatriz, una sanadora de medicina alternativa. También está presente el prejuicio de moda entre algunos sobre la duda que surge al ver a un latino o latina, ¿llegaría de manera legal o no al país? Y de ahí surge la alusión casi directa a Donald Trump que muchos han querido enfatizar.

Beatriz at Dinner (en cines de Dallas a partir del 16 de junio) retrata el poco probable enfrentamiento entre un archimillonario con pocos o casi nada de “principios” y una modesta masajista cargada de nostalgia y rabia contenida, la cual proyecta en forma de tristeza y desesperanza la compasiva Beatriz. El panorama de la protagonista se oscurece en los días previos a la cena, que es el tema central de la película, cuando un vecino desconsiderado mata a uno de sus chivos. Al aceptar quedarse a cenar en la casa de una de sus millonarias clientas porque su automóvil no quiere encender y vive lejísimos de ahí, Beatriz no cuenta con que uno de los invitados le recordará de inmediato al tipo que desplazó a la comunidad de la que ella formaba parte en México para construir un lujoso hotel. No anticipa que se topará con un cazador de animales que presume de sentir más placer en dicha actividad que en tener relaciones sexuales.

La tensión, y un ligero suspenso, que van creciendo en lo que llega la hora del postre es totalmente a propósito, según explicó el director puertorriqueño. Las puyas que al principio el magnate (Doug Strutt, interpretado genialmente por John Lithgow) le lanza a Beatriz se le regresan en forma de críticas directas conforme las copas de vino blanco se van multiplicando en el sistema de la sorpresiva invitada, que en vez de pasar desapercibida, se vuelve el centro de atención durante la cena, y a quien irónicamente, su gran sensibilidad por el dolor de otros (seres humanos y animales) la vuelven intolerante; las copas tal vez, son la gran clave.

“La gente ha dicho que este papel es muy diferente a la forma en que me ven, pero es realmente lo más cercano a mí que he interpretado”, explica Hayek.“El guión fue tan original... Todos en algún punto de sus vidas han estado en una cena que se vuelve un desastre”.

Y mientras el film cumple con el objetivo de entretener, no termina de “llegar a buen puerto”; la razón puede deberse a esa deliberada técnica casi reporteril de presentar dos puntos de vista totalmente opuestos sin ofrecer un fallo, una conclusión, lo cual deja un extraño sabor de boca que al final ensombrece el profundo viaje que el trailer tan bien editado promete en principio.

“Hubiera sido muy fácil deshacer a Doug como craso y materialista. Pero todos amamos lo que tenemos, todos amamos una buena vida. Hay dos lados de la naturaleza humana”, argumenta a su favor Arteta.